Trabajo en equipo: dedicado a mis chicos

Hoy quiero escribir sobre algo más mundado, pero de lo que también se puede aprender a ser feliz. De hecho, creo que es uno de los ámbitos de nuestra vida en el que falta más felicidad y se necesita más escuela para conseguirlo: el ámbito laboral.

Sabía que hoy sería un día tranquilo y es que, por suerte o no, podría compartir desayuno con muchos de mis compañeros y charlar sobre proyectos actuales, futuros y hacer un poco de formación para los más jóvenes. Y en parte es lo que he hecho, pero liderando el grupo he aprovechado para entender sus preocupaciones, sus vivencias de cada día e intentar reenfocar su punto de vista. He de decir que la mayor parte de los compañeros que estaban eran más jóvenes o inexpertos, lo cual promovía este tipo de actuación por mi parte. Son los analistas o consultores más junior, en la jerga del sector, que trabajan a cargo de jefe de equipo, para desarrollar un proyecto y conseguir el objetivo marcado y deseado.

Dos roles, dos visiones, pero un único objetivo: llegar a la meta fijada.

A veces no es fácil en este mundo conseguir lo que se promete puesto que la información que se tiene en el punto de partida, en la salida, no es completa. Nuestra labor se centra en evaluar cómo alcanzar el punto final a partir de la información y las herramientas disponibles. Y en esta tarea, el buen trabajo en equipo es indispensable. El día a día casi siempre te arrastra a un círculo vicioso en el que la prisa prima sobre la rigurosidad del resultado y las formas a veces se descuidan en perjuicio de todos. Creo que esto es la tónica general que nos rodea, promovido además por el clima de incertidumbre y desencanto general por la situación económica y las previsiones, que tienden a empeoran con cada nueva editorial. Sin embargo, considero que las buenas formas no están reñidas con los buenos resultados.

El trabajo en equipo exige que todos sus miembros conozcan las reglas implícitas que conlleva el mismo y cuál es su cometido. Cada cual tiene que saber ciertamente cuál es su rol, su encargo y su responsabilidad. Pero también debe existir solidaridad en el equipo para que nadie sea imprescindible, pero sí necesario. El saber pedir ayuda y el ayudar es algo que parece dar miedo, que asusta porque parece tener implícito que no somos suficientemente válidos para cumplir nuestra misión. Todo lo contrario, saber pedir es reconocer que necesitamos la experiencia de quien sabe más que nosotros para seguir creciendo profesionalmente. Y ofrecer nuestra ayuda significa que somos entregados, que cooperamos con el resto del equipo porque eso genera sinergias de forma que el valor del equipo es mayor que el valor de cada una de las partes.

La información debe ser conocida por todo el equipo, no sirve hacer distinciones que condicionan el éxito del proyecto. Quizás temporalmente algún miembro del equipo deba encargarse de realizar una tarea específica, pero eso no debe implicar que sea su único conocedor, puesto que, como dije antes, eso genera dependencias, que por definición no son buenas.

Y lo que considero más importante: se ha de saber recompensar las labores del equipo y realizar críticas constructivas del trabajo realizado. Es decir, es necesario dar feedback de los pasos realizados para que ello permita: la corrección de errores, la motivación de los miembros del equipo que sientan que son prescindibles, reforzar los objetivos marcados y reajustar, si es necesario, el tiempo que requiere para atracar en buen puerto.

El equilibrio de un equipo se consigue cuando todas las partes están coordinadas, cuando todas se comprometen con el resto. Y esto, por desgracia, a veces se olvida, de forma que la pirámide flaquea, incluso desde las capas más altas de cualquier organización. Hoy escribo esto como reflexión porque todos formamos parte de múltiples equipos de trabajo, de amigos, de familia, de deportes, de asociaciones, y un largo etc. Y en cada uno, tenemos que valorar nuestro rol para conseguir no quedarnos a medio camino de la meta, porque como se dice “lo importante no es llegar primero, sino saber llegar”.

Este post lo dedico especialmente a mis chicos, aquellos que me han sufrido como manager y que me seguirán sufriendo. Con los que hace meses empecé a llevar a la práctica las reflexiones que aquí comparto y con las que he podido comprobar sus beneficios.

Gracias por vuestra entrega y por vuestro talante. Gracias por aceptar mis consejos filosóficos y por mantener la sonrisa en nuestras largas noches de verano. Nunca perdáis la sonrisa, porque como dice Nicolás Chamfort: “el día más irremediablemente perdido es aquel en que uno no se ríe“.

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2 pensamientos en “Trabajo en equipo: dedicado a mis chicos

  1. jvilaro dice:

    Buenisimo post…totalmente de acuerdo. Solo añadir que, igual que debemos saber pedir ayuda, las personas que deben ayudarnos deben saber organizar su tiempo para que esa ayuda no vaya en detrimento de su trabajo ni tiempo. Hay que controlar muy bien ese flujo de tiempo y sabiduría para que no se convierta en una dependencia. 😉

  2. Marta dice:

    Me encanta la frase final…gran post! 😉

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