Principio de confianza (2)

“La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas.”

Aristóteles

Si en el anterior post declaraba que la confianza es un pilar importante en nuestras relaciones laborales o personales pero poco cercanas, hoy quisiera defender que es fundamental en las relaciones de pareja o de amistad más próximas. Y es que cuanto mayor es la confianza que existe entre dos personas no por ello se ha de perder el respecto ni la cortesía anterior.

Para mí la amistad representa uno de los valores más sagrados que hay pues como bien se dice, amicus en latín deriva de amare, amar. Sigo pensando como hace más de diez años cuando creía que la amistad es un afecto puro y desinteresado, que nace de muy dentro y generalmente perdura con los años. Quizás falten palabras para definir a las personas que son muy importantes en nuestra vida. Quizás falten los amarillos para convertir esos amigos en personas por las que dar la vida, por las que poner la mano en el fuego y saber que no te quemarás.

La confianza es el primer paso para el inicio de una larga amistad. Porque un amigo se conoce no sólo por acompañarnos en los buenos y alegres momentos en que la vida sonríe, sino que se reconocerá porque estará cercano cuando las tormentas lleguen y las lágrimas nos impidan ver el sol. Será el que nos abrace y nos contagie su energía cuando nuestros ojos finjan que estamos bien pero algo nos preocupa. Será el que disfrutará con nuestra presencia y respetará siempre nuestros defectos, sin ponerlos en evidencia ante los demás. Será aquel que renuncie a otras personas si le impiden ser nuestro amigo.

A todos los amigos que han pasado por mi vida y que aún siguen pasando les debo un trocito de lo que soy porque cada uno me ha enseñado lo que es confiar, estar y amar. Porque aquí caben los amigos íntimos de la infancia que perduran para siempre, aquellos que el destino te descubre en tu primer trabajo, los que descubres por cumplir un sueño, los que la vida te regala cuando menos lo esperas, los hermanos que se sinceran tras los años, los que filosofan igual que tú. A todos vosotros y a los que vengan… gracias.

“La fidelidad es la confianza erigida en norma.”

José Ortega y Gasset

Y es que la amistad es el primer eslabón en que anclar algo más. Con los ojos cerrados y la plena confianza en otra persona, mi yo quisiera simplemente dejarse llevar. Amar. El amor es el sentimiento que buscamos desde que somos pequeños y hasta la senectud. Amamos y odiamos al mismo tiempo. Y perdonamos porque existe arrepentimiento y entrega. Encontrar a alguien que te mire a los ojos y vea a través de ellos no es fácil, porque en el mundo hay pocas almas gemelas a las que mirar, pero cuando encuentras a una no la debes dejar marchar.

Todos buscamos nuestra media naranja, aquello que nos complemente. ¿Por qué ver dos mitades y no dos entes completos? Una pareja no se ha de apoyar en dos mitades que se necesitan, que dependen una de la otra. Para mí una pareja ha de ser una unión de dos mundos iguales o distintos, pero plenos en su existencia. Y el que esos dos mundos convivan cercanos surgirá cuando las bases de la relación sean las de la amistad más profunda que pueda haber: la sinceridad, la humildad, la aceptación, la escucha y la observación, la adaptación y la fidelidad. Porque en la sinceridad no habrá dudas que promuevan la incertidumbre ante la persona querida. La humildad para aceptarnos los dos en las virtudes y los defectos. La escucha y la observación para entender lo que la persona amada siente, desea o le inquieta. Saber adaptarse y dialogar será lo que permita que el paso de los días no se convierta en una rutina pesada de llevar con los años, sino que permitirá evitar la pelea dialéctica o psicológica que desgasta las relaciones actuales. Y la fidelidad que demuestra la conexión verdadera entre dos personas que se aman: la capacidad de servicio, de entrega y de cumplimiento de las promesas realizadas.

Amar es dejarse llevar… Escuchar en el silencio a la persona amada, su lento respirar y sus latidos. Hacerla sonreír y confiar en sus palabras sabiendo que, por más que el azar quiera derrumbar esa unión, la desconfianza y el miedo no tienen poder alguno. Amar es caer y levantarse, saber que tu alma gemela será quien te sostenga para no tocar el suelo. Amar es, en definitiva, dar sin esperar, crecer unidos y volar muy alto para alcanzar la felicidad.

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