Alexitimia: una barrera a las emociones

La alexitimia es un trastorno neurológico que consiste en la incapacidad para expresar las emociones. Dicho así parece que no debería afectar a una gran parte de la población, pero sin embargo se dice que afecta a una de cada siete personas. En realidad, si pensamos un poco, nuestro mundo nos aboga a evitar las emociones, a reprimirnos, así que no deberíamos sorprendernos de estas cifras. Y lo cierto es que, desde hace un tiempo, observar la gran ciudad me vuelve a descubrir mundos olvidados.

La mayor parte de la gente camina inmersa en sus pensamientos durante gran parte del día y divaga a ratos en el trabajo pensando en otras obligaciones o responsabilidades. Sin embargo, lo más eficiente sería concentrarse y ser productivo en lo que se está haciendo. Y sin embargo, en las relaciones personales, vivimos al ritmo que marca nuestro entorno y evitamos muchas veces toparnos con alguien desconocido en el metro o saludar afectuosamente a un amigo que encontramos inesperadamente. Evitamos el contacto con las personas, incluso con las que más cercanas son. En particular, evitamos expresar nuestros sentimientos para no ser juzgados, como si un abrazo entre dos amigos sólo fuera muestra de femineidad.

La vida está para vivir, para sentirla, para disfrutarla con todo su encanto y su esplendor. Y qué putada más grande nos hacemos a nosotros mismos si siempre andamos escatimando en expresión corporal. Lo primero que nuestro entorno capta de nosotros es nuestra imagen exterior que, además de nuestra vestimenta y complementos, sobre todo se muestra a través del rostro, los gestos y nuestras palabras. Y a falta de palabras, nuestro lenguaje no verbal es lo más importante.

Hemos de ser capaces de emocionarnos y dejarnos llevar por los sentimientos, con templanza, pero sin represión. Las palabras definen los sentimientos, pero a veces se quedan cortas. Pues añadamos más palabras a nuestro repertorio con el fin de explicar lo que pasa por nuestro cerebro, lo que vibra en nuestro estómago o lo que altera nuestras neuronas. Hemos de ser capaces de contagiar y motivar a los que nos rodean para que expresen los que sienten. Porque así también reduciremos el nivel de tensiones que se generan por someter a filtro aquello que sentimos; porque dejaremos que la depresión no ocupe un lugar privilegiado en nuestra sociedad; porque hemos de dar cariño a nuestros más pequeños para que este problema no avance hacia un mundo cada vez más autista.

En cualquier relación hemos de olvidar la frialdad que a veces nos impone la razón para evitar heridas y aprender a gestionar las emociones. El reto será romper los tabús en los que educamos, en especial al género masculino, puesto que el futuro está en ser un maestro de las emociones. Y es que la alexitimia puede suponer una barrera enorme a nuestras relaciones más preciadas. En muchas parejas es posible que alguno se sienta más perdido con su pareja si no identifican adecuadamente sus sentimientos y no los expresan (o no los expresan correctamente). Con nuestros mejores amigos pueden dar lugar a situaciones de confusión. Debemos crecer emocionalmente, unir teoría y práctica y descubrir que nuestro camino lo escribimos en cada instante.

Como dice Eduard Punset en su libro El viaje a la felicidad: “Si antes no sabíamos para qué servían las emociones, ahora constatamos que sin ellas no tomaríamos nunca decisiones“. Como explica, recientemente científicos como Dylan Evans han demostrado “que las decisiones -todas las decisiones- son emocionales“. Porque cuando tomamos una decisión, al inicio hay una emoción inicial, a la que sigue un análisis racional sobre la información disponible. Pero cuando la razón esgrime argumentos a favor y en contra, no siempre es sencillo elegir, de forma que finalmente una sencilla emoción hace que todo se decante por la decisión elegida.

En cada instante nuestro cerebro decide, razona, evoluciona. Nos guía por instinto, por razón o por intuición. Dejémonos llevar por las emociones y disfrutemos de ellas, pues en ellas encontraremos el sendero hacia la felicidad.

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