Quiero abrazarte

Hay días en los que el mundo necesita muy poco y pedimos mucho. Días en los que nos complicamos la existencia y dejamos que nuestra mente nos domine y piense, sin rumbo, hacia una espiral de pensamientos encadenados que nos hacen sufrir por adelantado. Mañanas en las que el trabajo nos condiciona y nos invade una sensación de insatisfacción que nos arrastra hasta la tarde, con acidez y desgana, hasta que el reloj marca la hora de volver a casa.

Hay días en los que necesitamos que alguien nos espabile, nos sacuda y nos grite: ¡despierta! Nuestro inconsciente busca alguien en el interior que disipe esa nebulosa que nos impide ver la luz del sol, disfrutar de lo que hacemos o lo que compartimos. Y es que todos buscamos ese momento de conexión con el mundo para sentirnos seguros, para ser eficientes y reafirmarnos en nuestros valores o nuestras creencias. Porque la duda a veces se apega a nosotros para sembrar la incertidumbre y no nos deja caminar plácidamente al compás del tic tac del reloj.

Ojalá siempre hubiera cerca alguien que nos regale un abrazo… Tan simple, tan real, tan barato… que nadie puede negar los innumerables beneficios que tiene. Y es que cuando alguien te abraza sientes la seguridad que te permite seguir adelante sin titubeos. Te inunda una corriente de energía vital que fortalece la confianza, que te permite creer en aquello que pensabas abandonado en este mundo tan injusto a veces, tan ruin con los que desean hacer siempre el bien. Un abrazo te ayuda a superar ese pensamiento negativo que se inunda cuando las malas noticias se colaron por la puerta atrás y te asaltaron sin preaviso, cuando la muerte o la enfermedad de los seres queridos se convierte en un acto de superación personal presente. Porque en esos momentos de angustia, sobre todo en los que cuesta aceptar un acontecimiento no esperado, un abrazo permite diluir el dolor y transformarlo en un motivo por el que disfrutar de la vida plenamente. Porque un abrazo nos hace sentirnos protegidos, temporalmente, en una burbuja de comprensión y vacío regenerador.

Un abrazo puede ser el mejor reconocimiento por un esfuerzo realizado, demostrando el afecto cordial que se tiene y expresando la valoración positiva que se hace de la persona a la que se abraza. El abrazo es el impulso que nos asalta cuando vemos a un amigo que hace tiempo que no vemos. El que nos lleva hasta el amigo al que tenemos algo que contarle que nos preocupa, que nos hace llorar antes de abrazarlo, o que nos alegra tanto que necesitamos compartirlo. A veces un abrazo es la mejor manera de hablar con alguien cuando faltan las palabras o cuando todo está dicho. Un abrazo es la mejor forma de demostrar el cariño a los más pequeños y que se sientan queridos, pero también aquello que hemos de regalar sin pudor a nuestros mayores para que no se sientan abandonados en la vejez.

Todos buscamos cariño, a cada edad, y un abrazo cuesta tan poco y consigue tantas cosas buenas, que deberíamos romper los tabús que todavía nos asaltan y repartir abrazos a las personas que nos rodean. ¿Por qué entonces no lo hacemos? ¿Qué nos frena a abrazar? En un mundo que cambia tanto de cara, evitamos ser vulnerables, sentirnos expuestos, mostrarnos realmente y ser juzgados. Pero no nos damos cuenta que evitándolo nos convertimos en nuestros propios jueces, estrictos y poco objetivos, pues dejamos de lado todo aquello que nos aporta un abrazo en nuestro interior. Y es que un abrazo nos desnuda ante la otra persona, evita que el pensamiento se adueñe de nosotros y nos deja a merced del amor que se transmite con el contacto de  los brazos, de las mejillas que se tocan. Un abrazo nos hace suspirar plácidamente, apoyarnos en el hombro del otro y dejarnos llevar por la música placentera que escuchamos al cerrar los ojos.

Quiero abrazarte, corazón, y sentir tus latidos al otro lado. Quiero abrazarte en la cercanía o en la distancia y trasladarte mi energía positiva para que veas la vida a través del cristal de la felicidad. Quiero abrazarte para que la enfermedad remita y podamos compartir momentos de alegría. Quiero abrazarte, muy fuerte, para sentir que estoy viva y que nos sobran los motivos para vivir.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s