Una decisión trascendental

Por fin hoy escribo desde el tren, en el que ausente, miro a través del cristal, buscando respuestas. Y es que surgen tantos interrogantes ante una decisión importante, que sobran, que no todos estarían invitados a algo que ya está prácticamente decidido.

Empecé a escribir este blog durante mis vacaciones, en Barcelona, de regreso a la ciudad que me ha acogido durante más de cinco años y que tuve que dejar. Nostalgia por quedarme, deseo por volver… Porque el destino es impredecible y quiso que laboralmente volviera a la capital. Pero ahora, tras meses de cambios e incertidumbres, y de un paisaje madrileño poco prometedor en algunos aspectos, se me ofrece la oportunidad de volver a trabajar en Barcelona. Sólo puedo decir que sí, pues muchos son los motivos personales y profesionales que me atrapan allí.

Y me encuentro, en el Castillo del Silencio, mirando a los ojos a mi Yo, escuchando su vacío y llenándolo con pensamientos vacuos. Porque es una decisión trascendental, inesperada, que al tiempo que me llena de felicidad, desmonta los esquemas previstos por la mente racional. Porque en lugar de saltar de alegría, la mente quiere racionalizar cualquier alternativa en el árbol de decisión que se abre ante mis pies. Porque la razón quiere sembrar la duda en un laberinto de posibles opciones que sólo es imaginario, que no existe. Pero la mente es hábil pues sabe que la respuesta no implica sólo volver o no volver, sino cuándo, cómo y dónde. Cuándo no depende de mí (esto sólo depende del universo laboral), pero condiciona el cómo y el dónde a muy corto plazo (o sea, el universo personal).

Hoy mi día es verde porque tengo la oportunidad de estar donde quiero estar, de cambiar sin romper con mi pasado, de trazar un puente entre mi yo pasado y mi yo presente. Porque la esperanza hoy luce de fiesta por tan grata sorpresa. Porque, aunque la niebla hoy impida ver el horizonte, sé que mis ojos brillan sabiendo que quedan muchos amaneceres por descubrir.

Hoy mi día es rojo porque siento que no hay que pensarlo todo hoy, que lo importante está decidido y el resto puede venir después. Porque la sensación de plenitud es profunda, ya que la oportunidad que se presenta llena un anhelo interior y aceptar la oferta al tiempo que requiere muchos cambios personales puede ser una puerta abierta a cambios profesionales futuros. Porque sé que allí no me faltan amarillos que están esperándome, deseosos de que vuelva, compañeros que se alegran de tenerme cerca y compartir, de nuevo, largas jornadas de momentos inolvidables. Porque hay corazones que amar y con los que descubrir una nueva etapa de mi vida.

Como un puzzle se hace con paciencia, con orden y concentración, la historia personal se graba en cada instante, con templanza. No sirven atajos para vivir. Existen intuiciones que nos cuidan, desde el inconsciente, desde el Yo interior que a veces no somos capaces de escuchar. Quiero que ellas me guíen, que me susurren al oído el camino que he de tomar, la canción que he de bailar. Porque algunas oportunidades sólo pasan una vez en la vida, ésta no puedo dejarla pasar… Porque pase lo que pase, esta vez toca decidir en solitario para disfrutar del ahora en compañía… Porque hay que seguir los pasos de la felicidad para que se haga compañera inseparable de camino…

“Cada vez que te sientas extraviada, confusa, piensa en los árboles, recuerda su manera de crecer. Recuerda que un árbol de gran copa y pocas raíces es derribado por la primera ráfaga de viento, en tanto que un árbol con muchas raíces y poca copa a duras penas deja circular la savia. Raíces y copa han de tener la misma medida, has de estar en las cosas y sobre ellas: sólo así podrás ofrecer sombra y reparo, sólo así al llegar la estación apropiada podrás cubrirte de flores y de frutos. Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad que respiraste el día que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aun. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve.”

Donde el corazón te lleve, Susanna Tamaro

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