Para el enfado… amor y humor

En la vida nos enfadamos, a veces, porque somos exigentes, muy exigentes. Y el grado del enfado mide nuestra capacidad para controlar el pensamiento y relativizar la causa del mismo. Aunque, cabe destacar que, en el extremo no siempre es fácil controlar una espiral de causas que originan nuestra cólera, el enfado superlativo en el que todo es una mierda y el pesimismo más profundo puebla cualquiera de nuestros sentidos.

Pasa. A veces pasa que la balanza sobre la que descansan nuestras ideas y nuestro mundo, se desequilibra y se desencadenan los miedos, las iras y las desesperaciones… todos juntos en un bucle sin fin.

balanza_life_work

La vida tiene que equilibrarse con el trabajo. La vida personal es necesaria para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo. El equilibrio es necesario para que no aparezca la sombra de la enfermedad tras el cristal de la ventana. Por ello, cuando estamos inmersos en ese bucle, hemos de parar y respirar. Respirar profunda y sosegadamente y escuchar el silencio. Cerrar los ojos y dejarnos llevar por la nada, por el vacío, por la soledad del mundo exterior que nos hace encontrarnos con nuestro Yo interior.

Uno mismo ha de ser el primero en reconocer que ha de cambiar su perspectiva de los acontecimientos. Que las cosas no son tan terribles, que todo en esta vida es pasajero y que el mundo no se acaba si un día no se consigue el objetivo. Está claro que en estos momentos, como en otros pasados y en los que vendrán futuros, todos hemos de remar en una misma dirección en lo que se refiere al trabajo. He aquí la cuestión: una misma dirección. Para ello, es mejor motivar, incentivar,  justificar y razonar porqué se ha de hacer esto y no lo contrario y porqué hay que arrimar el hombro todos, dando ejemplo desde la cúspide de la pirámide empresarial (no sólo en tiempo dedicado sino en esfuerzo retribuido) hasta la base más inexperta. Cada cual tiene su misión, valiosa, que cumplir porque si uno escurre el bulto, habrá otros que tendrán que redoblar sus fuerzas para que todo siga funcionando. Y esto, al fin y al cabo, tiene un coste añadido del que no todos parecen ser siempre conscientes. Ése ha de ser nuestro objetivo: transmitir objetivamente el valor de un bien tan preciado como es el trabajo del día a día.

Y para llegar a ese punto, en el que la calma vuelve, lo mejor es estar cerca que aquellos que nos quieren, los que estarán a nuestro lado y harán lo que esté en su mano para amarnos y ayudarnos a salir de ese agujero negro que nos envuelve. Hemos de dejarles amarnos, para que así, los malos pensamientos vuelen, libres, y poco a poco la paz vuelva a contagiarnos. Ellos pondrán tintes de humor porque, desde el andén, verán nuestra situación y podrán observar cada detalle con otro punto de vista y hacernos crítica constructiva. Serán quienes escuchen nuestros desahogos, nuestros gritos, nuestras súplicas, pero también quienes con una caricia, un abrazo o un beso nos hagan recordar que la vida es bella y que los buenos momentos pesan más que aquellos que intentan privarnos de nuestra sonrisa. Pues como decía Francoise Sagan, “la capacidad de reírnos juntos es el amor“.

Anuncios

Un pensamiento en “Para el enfado… amor y humor

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s