Divagaciones internas, día 1

Querido corazón,

Te escribo ahora que la noche me avala para contestar tus inquietudes, o para darte mi punto de vista sobre tus reflexiones más profundas, sabiendo que nada es ni bueno ni malo, ni mejor ni peor, sólo será lo que tus ojos y tus sentidos quieran ver.

Dices que la soledad a veces te embarga, que se adueña de tus silencios. Que a veces parece que el mundo se confabula para aislarte, para deshacerse de ti y abandonarte en tus pensamientos. Y en esos momentos es cuando más necesitas de una mano amiga, de un hombro donde llorar o unas orejas que te escuchen. Pues bien, a veces esos momentos son necesarios para que pienses, para que te des cuenta de lo que pierdes si a veces no te paras en la rutina a dedicarte un minuto a ti mismo. Porque en el silencio surgen dudas, pero también surge la necesidad de reencontrarnos con nosotros mismos y buscar cuál es el verdadero objetivo que perseguimos. Nos asusta la soledad porque no estamos acostumbrados a convivir con ella. Pero hemos de hacerla partícipe de nuestro tiempo, hasta el punto de que sea nuestra consejera y nuestra aliada en momentos en que necesitemos retomar el rumbo de nuestra vida. Porque en ese punto, sólo uno mismo puede decidir el camino que ha de tomar.

Sí, ya entiendo que a veces envidias a los demás porque crees que la soledad te acompañará hasta el final de tus días. Pero no es cierto. Tú construyes tu propio destino y si eres una persona maravillosa, tarde o temprano descubrirás mil personas más que te saludarán, cientos que se cruzarán en tu camino y de los que recordarás sutilmente su rostro, una veintena que podrán ser amigos con el tiempo y unos pocos que se convertirán en diamantes a los que cultivar. Y quizás, allí encuentres al que te deslumbre más que el resto, quizás encuentres allí uno al que mirar a través del color de la esperanza y él te mire con amor.

Sufres porque crees que no has vivido suficiente. Porque crees que diste mucho y echas en falta amor. No temas porque quien da al final recibe y cosecha lo que ha sembrado. No te recrimines que amaste y te dejaron. O que lo diste todo y no lo agradecieron. Quizás no te merecían. Quizás, todo lo que has vivido, sirve para que ahora tu vida tenga más sentido. Porque cada paso que hemos dado, cada encuentro, cada decisión te ha formado tal y como eres. Y tú eres el único que puede aceptarse como es, porque mirar atrás a veces sirve para coger impulso. Pero la vida es un viaje hacia adelante pues el tiempo no vuelve y aquello que rechazamos hacer hoy es algo que mañana haremos por dejar de hacer otra cosa en su lugar.

No pierdas el tiempo pensando aquello que no hiciste, sino más bien piensa qué es lo que más quieres hacer cuando mañana salga el sol.

amanecer_pájaros_volando

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