Encadenados al trabajo o ejecutando prioridades

Noche larga, de nuevo. Se repite la lenta agonía que me condena. Cada vez peor.

Noches frías que te hielan por dentro al pensar en lo que te puedes convertir si nada cambia. Delante, un espejo en que reflejarse y avanzar en el tiempo para contemplar cómo las prioridades cambian y, en lugar de buscar momentos para compartir fuera del marco laboral, la gente se brinda en cuerpo y alma al dicho de vive para trabajar.

Nudo en la garganta que aprieta, aunque aún no ahoga. Frases para ponerse a llorar que provocan risas. Ego que rebosa en lugar de aplacarse. Frío y más frío que se cuela de sólo pensar lo que los oídos oyen sin querer.

Pensamientos que giran, buscando una salida de este laberinto que hace tiempo que me mantiene en vela. Busco la salida, pero cuesta encontrar una que sea tan atractiva como para hacerla realidad inmediatamente… hasta que el vacío existencial que crece sea más grande que la alegría de cambiar aquello que desmotiva por aquello que llena de vida.

Pasan los años y te das cuenta el tiempo que pasó, las cosas que viviste, las cosas que dejaste de vivir. Y algunas veces me pregunto si mi vida va sobre nubes de pegatina que se esfuman a veces o que se deslizan buscando su sitio el resto de las veces. Largas experiencias duraderas que te hacen pasar por diferentes ciclos, que ayudan, que enseñan, que se recuerdan, pero que a veces te queman por dentro, poco a poco, hasta que ya no queda nada por arder.

Cómo es posible no tener amor de madre o de padre… Es curioso que alguien pueda tener descendencia y no sentir la necesidad de verla crecer, de regalarle su amor, de divertirla, de sufrir por ella, pero de ser feliz por tan gran decisión. Diría que el afán de éxito profesional nubla la vista hasta límites insospechados. Triste niñez de desapego que crece sin el sustento necesario para que nada falte. Amor, falta amor y cariño.

ojo_verde_lágrimaLloraré por tantas almas perdidas. Por despejar la mente en la escalera y pensar que queda menos para que acaben estas horas y el sueño retorne en mi busca. Que me invada el calor del corazón que tengo olvidado. Que la oscuridad invada la mente y sea libre para no pensar. Que poco a poco lleguen los sueños por los que luchar cada día. Aquellos en los que verme dentro de unos años en esa atractiva familia cuyos niños revolotean por la casa, juegan, ríen, lloran. Y crecen con energía, motivados por ser lo que quieran ser, pero con conciencia de que ellos son los dueños de sus huellas, los guardianes de sus pasos. Quisiera ser lo contrario a lo que observo. Y quisiera que, si alguna vez, esa realidad ocurre, mis hijos sean felices porque tuvieron amor y aprendieron a amar.

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