Divagaciones internas, día 3

Querido corazón,

No te hundas ahora, libérate y no sufras.

No ahondes en la profundidad de tus pensamientos oscuros pues nada tendrán que contarte. No busques allí respuestas que la vida no puede darte. No creas lo que te dicen, cree en ti y libera tus miedos, tus anhelos, tus esperas. No te desesperes porque hay días en los que quisieras no haberte despertado, pues siempre un amanecer ha de venir cargado de nuevas energías y motivos por los que vivir.

Sé que luchas contra tu yo, ese que a veces quiere morir, dejar de existir por no sufrir. Ése que a días te desvela y te captura en sus oscuras telarañas y te consume la energía, hasta quitarte las ganas de vivir. Sé que te duele pensarlo. Sé que te sientes solo. Sé que lo sientes, aunque tú no me lo cuentes. Pero sé que tu fuerza es más grande que la trampa en la que te encierran esos momentos de agonía y desespero. Lucha, sé valiente y aférrate a lo que más quieras para buscar el impulso que necesitas para ganar.

Valora tus esfuerzos, tus logros y tus errores. Crece y progresa. Y no hagas caso a aquellos que desconfían de ti, ni a los que se creen mejores, ni a los que no te escuchan, ni a los que sólo quieren tener razón. Escucha a aquellos que te describen tal y como eres, a los que te quieren así, a los que sufren con tu falta de palabras, porque ellos son los que saben que les necesitas. Que ellos te dan la fuerza para recobrar el sendero de la verdad.

Canaliza tu fuego. No prendas el fósforo de una cerilla que pueda quemar tu jardín y convertirlo en ceniza inerte que vuele, después, al mar. No te destruyas. Renace de tu fuego como el fénix. Vuela sin prisa y disfruta planeando. Usa tu calor para mantener viva la llama que late dentro de tu corazón, pues eres todo amor. Ama y sé feliz. Y no te importe a quien amas, no esperes correspondencia, sólo da lo mejor ti, pues eso es lo que te hace grande.

Florece, como los almendros, cuyas flores abren con los primeros rayos de sol y despliegan su belleza. Saca lo mejor de ti, desde el interior. Cierra los ojos y deja que las lágrimas fluyan, no las ahogues, déjalas libres pues así servirán para que la alegría torne. Brilla con tu luz propia y disfruta cada instante del presente que te inunda, con sus circunstancias, con mil colores que pueblan tu vida, dándole sentido a cada uno de tus latidos. 

almendro_en_flor

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