Los tres tesoros de la medicina china

La medicina china considera que hay tres elementos importantes para conservar la vitalidad del organismo y asegurar su equilibrio tanto físico como psíquico. Son los tres tesoros: el Qi, el Jing y el Shen.

El Qi es la energía que fluye por la naturaleza, por el organismo, y que debe fluir libremente en cualquier dirección (entrada-salida-ascenso-descenso). El fluir libre del Qi es lo que permite el equilibrio en el organismo, de forma que cualquier perturbación de ese movimiento generará trastornos físicos o psíquicos en una persona. Cuando esto ocurre, técnica como la acupuntura tienen como objetivo devolver el libre movimiento de la energía para que el organismo recupere su equilibrio.

El Jing es la esencia de la vida. Como tal esencia tiene su origen en el Jing heredado, en la esencia de nuestros padres que nos legan cuando somos concebidos: la herencia genética o Yuan Qi. Es la energía original, la que se nos da como herencia y que nos condicionará las fortalezas o debilidades físico-psíquicas de carácter constitucional. Pero el Jing heredado se ha de nutrir con el Jing adquirido, con la esencia que permite que la vida siga manteniéndose. El Jing adquirido es la esencia que se adquiere a partir de los alimentos que se ingieren y que sirve para nutrir todo el organismo. Es la energía pura que permite mantener y conservar la actividad vital del organismo.

El Shen es el principal símbolo de vida y a su vez el espíritu o alma consciente. Es aquello que se puede sentir cuando tenemos al lado una persona vital y cargada de energía: entonces se dice que la persona tiene Shen. Y es que el Shen proviene del Jing: si el Jing es suficiente, la forma corporal es sólida y el Shen está vivo. Pero si el Jing se debilita, el cuerpo envejece y el Shen se agota.

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La medicina china nos cuenta algo similar a lo que la medicina occidental trata de decirnos, pero de forma menos global. Y es que, a veces, nos perdemos en los detalles sin ver más allá del momento, y eso en, algunas ocasiones, tiene sus inconvenientes. Hay que aprender a decidir viviendo el presente, pero formando un futuro mejor o al menos igual de bueno que el ahora.

Por ello, es más importante de lo que creemos tener una buena alimentación que sostenga la esencia heredada, pero que también la fortalezca para tener una vida larga y saludable. Porque en el día a día, dependiendo de nuestras ocupaciones y nuestras obligaciones, entramos en una dinámica de mala alimentación y malas costumbres que deterioran fácilmente nuestra herencia genética, lo que será perjudicial el día que pasemos el legado a nuestros hijos.

Para mí es triste ver cómo hay gente que envejece rápidamente y tiene la mirada perdida, aunque en edad son jóvenes: son aquellos que van perdiendo el espíritu de la vida por no encontrar motivos, por no cuidarse o por ni siquiera buscar una motivación para vivir. Hay que crecer mirándonos en aquellos ancianos que, a pesar de la edad, tienen alma en sus ojos y dan lecciones de vida a cambio de un poco de amor.

Moverse libremente, decidir lo correcto, actuar con decisión y volar. Eso para mí es el movimiento libre de la energía. Estar bien con uno mismo y ser capaz de conseguir aquello que te propongas. Y contagiar esa energía al resto de personas que te rodean, porque así la energía está en equilibrio.

Tres tesoros que cuidar, que guardar. Tres metas que cumplir para con uno mismo y con el universo.

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