En el andén llamado vida

Lentamente cae la tarde entre el ir y venir de pasajeros en el andén llamado vida. Pasión que fluye, despedidas que se funden en abrazos antes de partir y llegadas a destino que traen una sonrisa en los labios con la que conquistar la noche.

Pasan las horas entre respiraciones cortas y algún suspiro de resignación. Ajeno al mundo, el pensamiento gira en torno a sí, buscando su por qué, su mejor alternativa, su conclusión. La mente se hace fuerte frente a la decisión y el coraje. El mundo se hace grande y cuesta ver más allá de las nubes negras que dejan rayos y truenos sobre el vagón de la incertidumbre.

Lluvia que corre tras el cristal, distrayendo a ratos la mirada perdida al frente, pero que no consigue disolver la impotencia que se siente en lo más profundo. Metáfora de la fugacidad de la pureza, que pasa ligera por la niñez y se torna tensa con la edad. Cabe volver a los orígenes para repescar aquello que se ha de dignificar y cultivar.

Paréntesis necesario para que la vida siga, sin torturas vacuas. Que el verde impulse la esperanza en el retorno al equilibrio de las ideas, del cuerpo, del universo.

desde_el_tren_lluvia

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