El guerrero pacifico: Cada momento es único

El domingo era día de estudio, pero cuando todas las neuronas no están por la labor, lo mejor es dejar que se dispersen y se ordenen. Así que después de un rato de concentración, aprovechando que el sol brillaba con fuerza en el balcón, decidí ir a la playa.

Domingo soleado, pero con mucho viento. En cualquier caso, el paseo vino bien para simplemente pensar en la nada, encontrar una sonrisa, un beso, una lágrima, una sorpresa o simplemente dejarse mecer por el viento y escuchar al fondo las drizas golpetear contra los mástiles en el puerto. La verdad es que el día invitaba a navegar y disfrutar como un enano, aunque el viento fuera frío.

Por eso por la tarde decidí recordar muchas de las frases que en su día me ayudaron a innovar en mi vida y, entre otras cosas, abrir este blog. La película El guerrero pacífico, de Victor Salva, nos permite introducirnos en la piel de un gimnasta que aspira a ir a los Juegos Olímpicos, pero que necesita ver la vida con otros ojos para ser capaz de superar los obstáculos que aparezcan en su camino y disfrutar de sus logros. Un hombre misterioso, Sócrates, le hará preguntas sencillas para las que no tendrá respuesta a la par que le dará las claves para que sea capaz de encontrar el valor para superarse en la adversidad y creer en sí mismo.

Y la primera lección que ha de aprender un guerrero es sacar todo lo que no se necesita de la cabeza. Desaprender es un proceso necesario en este mundo, como bien dice Eduard Punset, porque las teorías y las experiencias pasadas no siempre son las mejores consejeras para el futuro. Hay que aprender cada día a desechar todo aquello que no nos aporta nada, a quedarnos con lo que aún está vigente y descubrir aquello que nos abre nuevos caminos que descubrir. Y es que en el fondo eso puede ser volver a ser el niño que llevamos dentro, porque la primera acción de un guerrero consciente es no saber para así aprender y experimentar.

Hay un diálogo muy real después de que el Dan, el gimnasta, haya sufrido una caída que le tendrá retirado durante un tiempo del entrenamiento. Y entonces, cuando puede dedicar su mente a pensar sobre otras cosas es cuando descubre situaciones que no entiende, porque nunca se ha planteado nada fuera de su vida dedicada al entrenamiento y a tener el único objetivo de competir y ganar.

“-  ¿Qué me está pasando? Nunca lloro.
–  Pues ahora sí.
–  Me violenta.
–  Las emociones son naturales, como los cambios de tiempo.
–  ¿Qué haces cuando pierdes todo lo que da sentido a tu vida?
–  Todo en la vida tiene un propósito, incluso esto. Y depende de ti descubrirlo.”

Y la verdad es que es triste ver gente que evita sentir y reprime las emociones porque consideran aún que exteriorizarlas demuestra debilidad. Cada instante puede ser un motivo para sonreír. Por ejemplo, ayer por la noche cuando volvía tarde a casa descubrí que el taxista era gallego y tuve una conversación agradable con él recordando viajes, sabores, momentos. Y, aunque era tarde, eso sirvió para que volviera una sonrisa a mi rostro antes de ir a dormir. Porque cuando dejamos que la mente no nos gobierne podemos pasar a la segunda fase del entrenamiento: “Una fase donde encuentres las respuestas desde el interior.”

En la película esta fase comienza con el reto de pensar en algo digno que compartir. Algo que si nos planteáramos, quizás costaría. Hay que ver la cantidad de palabras que salen por nuestra boca sin sentido, vacías, pasajeras. Como dice el refrán las palabras se las lleva el viento, aunque yo creo que las verdaderas palabras son las que llegan, las que calan dentro y las que no se olvidan. Son aquellas palabras que hacen pensar y recogen grandes verdades que están en el interior. Dan entonces dice: “la gente a quien cuesta más querer es quien más necesita el amor.” 

Cada uno ha de buscar en su interior esas respuestas que anhela, pero que cuanto más las busca a veces más lejos está de encontrarlas en el exterior. El equilibrio se basa en lo interior, en el yo, no en aquello que viene de fuera. Y es que hay que ser conscientes de que cada uno es el responsable de llenar cada instante de su vida con alegrías o con tristezas, con pesos muertos que lo arrastren o con liviandad.

“Cada momento es único. No hay instantes vacíos.”

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