Alas para volar

Se me acumula el trabajo… El tiempo pasa casi sin darme cuenta y ya es jueves. Cuando disfrutas de horas de vida y las llenas te saben a poco, pero la felicidad que generas lo inunda con creces.

Semana intensa de estudio, de terapia, de amistad, de conferencias, de críticas, de amor. Viene bien que alguien te recuerde de vez en cuando que los errores y el fracaso no son una pesadilla sino que son reales y quién sabe si derivan en un beneficio posterior. En Bizbarcelona, la feria de emprendedores que se celebraba ayer y hoy en Barcelona, es seguro que había muchas ideas, mucho talento, muchas ganas de crear empresa, pero quizás pocos tenían las ideas tan claras como para alcanzar el éxito al que aspiran.

La vida en sí misma es un gran proyecto emprendedor en el que uno tiene que saber tomar decisiones, pararse y contrastar que los indicadores de avance que se ha fijado cumplen los objetivos propuestos, rectificar si es necesario, pedir ayuda, buscar el mejor equipo para cubrir deficiencias, arriesgarse por una idea innovadora o saber frenar cuando las cosas van mal. Supongo que esta visión de la realidad casi nadie se la plantea, ¿qué dices, estás loca? En fin, si esta sociedad nos hace no pensar, cómo se me ocurriría pensar en ello. Quizás por ello creo que los emprendedores que tienen mayor probabilidad de sacar su proyecto adelante serán los que tengan la calma suficiente para tener una idea, madurarla, planificar su negocio, gestionar la viabilidad del proyecto y conseguir el capital necesario, perseverar en su oferta y ganarse la confianza de una demanda sólida. Y todo ello requiere trabajo, esfuerzo y sacrificio.

Han sido varias las referencias que incidían en que, en estos tiempos difíciles, es si cabe más importante establecer nexos entre las personas para aprovechar sinergias, experiencias, compartir dificultades y aprender de los errores. Aprender que la unión hace la fuerza (o al menos ayuda). Pues bien, creo que ahora quizás más, el valor añadido de la sociedad está en las personas que la forman y no tanto en lo material, puesto que en realidad siempre necesitamos que alguien nos ayude para hacer algo. En definitiva, podríamos decir que las personas mueven al mundo. Y necesitamos personas valientes para moverlo hacia un mundo mejor. Pero, ¿cuándo aprenderemos a valorar a las personas que nos rodean de forma justa?

Emprendedores o no, en este viaje llamado vida todos necesitamos personas en las que apoyarnos. Es cierto, que a veces necesitamos de la soledad para encontrarnos con nosotros mismos y demostrarnos que podemos ser autosuficientes. Sin embargo, como ya he dicho alguna vez, creo que vivir en soledad y de forma aislada a largo plazo no es muy saludable emocionalmente.

Volviendo a las personas, creo que la vida nos da la oportunidad de conocer a gente cada día y nunca sabes dónde puedes encontrar a los más interesantes. No sé si es el destino o el azar el que te descubre personas que jamás habrías imaginado conocer. Unos serán pequeños oasis en el desierto que no esperabas descubrir y te dejarán buen sabor de boca. Otros con el tiempo llegarán a ser amigos, bien en la cercanía o en la distancia que la vida y las circunstancias conformen. Unos pocos serán compañeros de sonrisas pero sobre todo apoyos a los que acudir en momentos difíciles. Y por último, habrá quizás unos muy pocos elegidos que la vida te da para abrirte los ojos en los momentos más inesperados. Yo los llamo ángeles de la guarda.

En mis años de vida he tenido la suerte de tener algún ángel de la guarda. No puedo valorar sus aportaciones, pero sí agradecérselas con muestras de cariño y amor. Si algo he aprendido es que estas personas disfrutan ayudando con su trabajo, su conocimiento y su experiencia, y su felicidad crece con su entrega incondicional a los demás. Y eso es lo que me gustaría conseguir en el futuro, ser buena terapeuta, amiga y un ángel para aquel que lo requiera.

Los ángeles a veces te recuerdan con sus palabras que somos levedad, como dice Manolo García. Que la vida es corta y hay que vivirla creciendo y rodeándose de las personas que van a levantarse más alto que tú, porque así cada uno puede aceptar el reto de ser la mejor versión de sí mismo. No son amigos complacientes que nos dan la razón para evitar la discusión. No, son aquellos que siempre están cuando más los necesitas, aunque no hayas pedido auxilio. Son los que nos miran a los ojos, nos critican duramente, cuestionan nuestras decisiones y nos dicen la verdad para que seamos capaces de sacar la mejor versión de nosotros mismos. Aquellos que nos hacen dudar, que nos sacan de nuestras casillas y al mismo tiempo saben decir las palabras mágicas que nos hacen reír, triunfar y recordar el viaje que hicimos hasta llegar a nuestro sueño. Son, en definitiva, los que saben cuidar de nosotros para que podamos volar aún cuando hemos olvidado cómo hacerlo. Aquellos que, ante el precipicio, son capaces de distraer nuestros miedos mientras saltamos y cuando nos damos cuenta estamos volando muy lejos, sin temor a caer.

Ángeles, en realidad, sólo hay unos pocos que brillan con luz propia. Si encuentras a uno, quiérelo y él se quedará cerca. Apóyate en él y déjate llevar. Porque ángeles son… aquellos que te dan alas para volar.  

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