Y yo… ¿en qué quiero trabajar?

Dicen que hay respuestas que es complicado obtener, sobre todo cuando dependen de uno mismo. Eso es lo que ocurre cuando el trabajo no nos llena y queremos cambiar. Uno de los mayores enemigos del cambio es la temida incógnita… y yo, ¿en qué quiero trabajar?

Hoy parece que el tema estaba en el aire. Por algún motivo mientras comía con un compañero salió este tema al hablar del fin de semana. Lo normal es pensar en qué hacer durante el fin de semana. En nuestro caso él simplemente iba a intentar disfrutar del descanso en casa y yo, a mi pesar, dedicar algún tiempo a trabajar. Es lo que tienen los encargos-marrón del viernes por la tarde que se necesitan el lunes por la mañana. Pues de esta realidad surgieron unas cuantas reflexiones.

Él, que es un poco más joven, me comentaba que muchos de sus compañeros de instituto hoy no encuentran trabajo. Otros cuantos que han vivido arropados por sus padres durante mucho tiempo y en que aún las cosas iban bien, ahora no saben por dónde empezar a currarse su vida. Y otros pocos tienen un trabajo normalillo que no les permite grandes vidas, pero que les da para vivir.

En mi caso creo que como ya comenté, quizás aún tuvimos suerte nuestra generación de subirnos al carro de un trabajo. Algunos a uno que nos ha permitido ahorrar un poco y otros a uno que les permite vivir y darse algún capricho de vez en cuando.

Pero los dos hemos coincidido en que son más felices aquellos que tienen ese trabajo que a veces te exige unas horas más, que a veces te pide un esfuerzo extra, pero que te deja tiempo para vivir y crecer personalmente.

Y es que tanto los excesos como las carencias al final debilitan el organismo… Trabajo, alimentación, emociones. Todo ha de estar equilibrio para que la vida fluya y se envejezca con calidad. Y para ello hay que querer encontrar el equilibrio y dedicarle tiempo. Porque nada es gratuito, todo requiere esfuerzo, dedicación, tenacidad y mucha paciencia. Porque el gran interrogante que quizás nos persigue desde que decidimos estudiar más allá de la enseñanza obligatoria es: ¿yo que quiero ser de mayor? Y cuando eres mayor, sigues preguntándote lo mismo: ¿soy feliz en mi trabajo? ¿En qué quiero trabajar si no es en lo que ahora hago? ¿Seré mejor y feliz en otro trabajo? Y no es fácil encontrar respuesta.

Creo que sólo quien realmente tiene la necesidad de cambio y la hace suya consigue buscar en su yo y ver la luz que le oriente. La incertidumbre es mala compañera porque la mente se empeña en cuestionar todo incluso cuando crees haber encontrado potenciales salidas. ¿Y si luego no me gusta? ¿Y si no sale bien? ¿Y si me quedo sin trabajo? Quien no se arriesga no sabe qué ocurrirá. Creo que hace falta poner un poco de sentido común y cierta racionalidad a la decisión porque cada uno tiene unas circunstancias que afrontar. Es necesario no lanzarse a algo sólo llevado por un impulso puntual. Pero hace falta coger impulso y ser valiente para buscar la felicidad, pues si no ella no vendrá a nuestro encuentro.

Dejemos los disfraces en el armario, seamos nosotros mismos y busquemos lo mejor, pero sin ocultar nuestros defectos. Luchemos por crecer y encontrar respuestas, con una sonrisa en la cara y la certeza de que lo que hacemos nos aporta algo. Espero que todos los que lean esto sean valientes para encontrar respuestas y, por qué no, compartir su experiencia.

caras_huevo

                  Tras de mí una escena
                  y diez mil frases que repetir,
                  ya ves, lo que es no es.
                  Yo no voy a contar lo mejor,
                  a ocultar lo peor,
                  me pongo el mejor chaqué.

                  No digo lo que digo,
                  hago lo que no hago,
                  al revés, al revés, porque
                  ser valiente no es sólo cuestión de suerte.

                  A veces no soy yo,
                  busco un disfraz mejor,
                  bailando hasta el apagón.
                  ¡Disculpad mi osadía!

                  Tú también tienes que ver
                  que nunca tengo mi papel.
                  Nube gris, riega todo el jardín,
                  todo el jardín, todas las flores que no probé.

                  No olvido los sueños,
                  vuelvo a lo que no acabó,
                  no perdí, no perdí, porque
                  ser valiente no es sólo cuestión de verte.

                  A veces no soy yo,
                  busco un disfraz mejor,
                  bailando hasta el apagón.
                  ¡Disculpad mi osadía!

                  Pensad que ya no estoy,
                  que el eco no es mi voz,
                  mejor aplaude y vámonos.
                  ¡Qué termine esta función!

                  Tras de mí una escena
                  y diez mil frases que repetir,
                  ya ves, lo que es no es.

                  A veces no soy yo,
                  busco un disfraz mejor,
                  bailando hasta el apagón.
                  ¡Disculpad mi osadía!

                  Pensad que ya no estoy,
                  que el eco no es mi voz,
                  mejor aplaude y vámonos.
                  ¡Qué termine esta función!

                  Deme la voz, deme la voz, deme la voz,
                  apuntador, deme la voz, deme la voz,
                  apuntador, deme la voz, deme la voz,
                  deme la voz, deme la voz, la voz.

Valiente, del disco Un día en el mundo de Vetusta Morla

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