Personas indigestas

Hoy vuelven esos días de grises en los que la realidad supera en parte a la ficción. Y a veces eso pasa cuando el respeto se pierde y pesa más la mala educación y la descortesía. Cuando hacerse escuchar es una misión imposible y se convierte en un reto que en un momento determinado puede provocar una explosión.

Cruzar los límites de la desconexión cuando alguien te habla, ponerte a pensar en otra cosa cuando se supone que pediste audiencia. Querer algo, pedirlo y luego rechazarlo.

Hay personas que tienen el don de la falsedad y lo inoportuno. Hay personas que te arrastran por el suelo hasta que el asfalto quema la piel y deja su marca. Hay personas indigestas que es mejor dejar lo más lejos posible para que no cambien los valores y las prioridades más profundas de cada uno. Es mejor ser libre que dejarse influenciar por algo que no se comparte.

A veces cuesta dejar de lado a estas personas. A veces no hay más remedio que aceptarla. Y si es el caso, lo mejor es hacerse fuerte para que aparezca una barrera que separe lo personal de lo estrictamente profesional, la necesidad de relación o lo innecesario. Y es que vivimos en un mundo de días caducos, donde impera el beneficio del ahora en oposición por el mantenimiento de la calidad futura de la vida.

Cuando los objetivos de la sociedad, de las empresas, de las personas, son únicamente personales, insolidarios, puntuales, llegamos al absurdo de no buscar lo mejor de nosotros mismos. Aprendemos a ser un second best, una peor versión de lo que somos para encajar en un mundo en el que otros intentan gobernar los hilos para el bien de todos.

No sé si es una cuestión ética, filosófica o personal la que debe hacernos creer en que tantas limitaciones sólo hacen que la vida sea un camino sin historia, un viaje en el que otros nos guía allí donde quieren y nuestra libertad está apresada por nuestro cuerpo material. No te pares a pensar en los demás que te impiden ver el horizonte. No te pares a pensar en su papel en el camino: piensa cuál es tu motivo, su destino, tu por qué. Por más piedras que aparezcan ante tus pies, no dejes que tropezar con alguna de ellas te impida proseguir el camino.

piedras

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