A falta de voz… mejor callar y esperar

emoticono_silencioNo sé si es un reclamo de mi cuerpo o un pequeño imprevisto, el hecho es que el progreso de mi afonía no es bueno. A estas alturas ya no reconozco ni el sonido de sus palabras. Así que a falta de voz… mejor callar y esperar a que todo vuelva a la normalidad.

Falta de voz. ¿Por qué? Quiero creer que sólo es un poco de aire acondicionado que no se pudo evitar y unas defensas poco resistentes ante la llegada del frío. Será que mis pulmones no están lo suficientemente fuertes como para hacer frente a las energías perversas que trae el otoño.

Por descontado que la medicina es sabia y tiene su explicación. Mas hoy aprovecho para reflexionar sobre lo que esta situación también puede sugerir. En estos momentos en que no hay palabras que expresar, puede surgir el pensamiento acerca de si hay algo más detrás de esta pérdida. Y es que, sólo cuando pierdes algo, a veces descubres lo valioso que es.

La voz que nos ayuda a expresar lo que pensamos, lo que sentimos, lo que creamos, lo que dibujamos, lo que anhelamos, lo que soñamos. Es la voz la que calla aquello que teme expresar o la que expresa aquello que cabe guardar para uno mismo. A veces quien calla otorga, pero a veces callar es saber escuchar y no intentar convencer a los demás. Siempre hablar cuando hay algo que contar, alguien a quien cautivar, algo que querer hacer realidad.

Siempre hablar lleva consigo una transmisión de información, es un acto de comunicación con uno mismo o con alguien más. En ocasiones hablamos y perdemos la consciencia de ello porque nos encontramos en un ambiente acogedor, rodeados de gente maravillosa y simplemente olvidamos el mundo para dejarnos llevar por una conversación que fluye en el presente. ¡Qué maravilloso disfrutar de tan grandes momentos, que cuando acaban dejan tan buen sabor de boca que cuando acaban deseas volver a repetirlos!

Otras veces empezamos a hablar y nadie parece prestar atención a lo que decimos por lo que perdemos el interés por hablar de algo que otros no consideran oportuno. La experiencia nos enseña que no siempre todos los oídos están preparados para oír siquiera aquello que decimos, así que mejor mantener la boca cerrada e irse con el cuento a otra parte en la que sea bienvenido.

Y algunas veces, la voz nos invita a interiorizarla, a darle un respiro para saber qué decir, para pensar qué es aquello que tiene que contar. Nos pide tiempo de reflexión para meditar y quién sabe si también desconectar.

Por ello, hoy creeré en que mi voz requiere paz y descanso, que aquello que quiera contarme, lo hará en cuanto recupere su energía. Mientras tanto, sólo queda acompañar su retiro y retirarme a descansar.

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