Hasta siempre, Madiba

Nelson Rolihlahla Mandela ya es un nombre propio de la historia. Hoy no quedarán muchos medios de comunicación ni lugares del planeta que jamás hayan escuchado hablar de él. Es muy pretencioso pues no es momento para olvidar a todos los mundos aislados de la civilización globalizada, claro está, pero lo cierto es que con globalización o no es un personaje que hoy muchos lloran y otros alaban o admiran.

Como decía Juan José Millás en la radio esta mañana, Nelson Mandela es un marciano. Es un marciano porque es una persona que tiene unos valores que saben sobreponerse a todo y, a pesar de la dureza de lo vivido, saben mantenerse y alzarse como estandarte de una personalidad como pocas hay conocidas. Lo cierto es que todo el mundo hoy mira hacia su muerte con respeto y donde unos lloran, su pueblo ve el momento para cantar y bailar, como a él le gustaba. Pues no hay mejor despedida de un ser querido, que cumplir con su voluntad incluyo cuando ya se ha ido, para que su presencia y su legado sigan entre nosotros.

Fortaleza para luchar por la libertad. Lucha por la armonía y la igualdad de oportunidades. Tesón y paciencia, humildad y entrega por una causa por la que morir, si fuera necesario. Mil calificativos podríamos dar para un hombre, abogado de profesión al que hacen prisionero y durante 27 años vive luchando contra el apartheid, cercano a su pueblo y al que se le ha reconocido con prestigiosos reconocimientos como el Nobel de la Paz, el Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional y otros muchos más.

Ojalá todos aquellos que ahora recuerdan su memoria sean capaces de buscar en su ejemplo la llave para construir unos valores más puros que sustenten el futuro de nuestro mundo, pues como decía Mandela “los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo“.

Mil lecciones se podrían recordar de un hombre que nos deja un gran legado, una historia para profundizar y para aprender aquello que no se enseña en las escuelas: amar, perdonar y mantener una sonrisa durante toda la vida, mantener los brazos abiertos al diálogo y al entendimiento, abriendo las puertas para la cooperación y la paz.

Sobran las palabras para despedir a un hombre tan especial, por lo que si cabe dejemos que su enseñanza nos contamine y que aquel poema que le dio fuerzas para seguir adelante, nos llene también a nosotros para luchar cada día por un mundo mejor.

invictus_nelson_mandela

                   Out of the night that covers me,
                   Black as the pit from pole to pole,
                   I thank whatever gods may be
                   For my unconquerable soul.

                   In the fell clutch of circumstance
                   I have not winced nor cried aloud.
                   Under the bludgeonings of chance
                   My head is bloody, but unbowed.

                   Beyond this place of wrath and tears
                   Looms but the Horror of the shade,
                   And yet the menace of the years
                   Finds and shall find me unafraid.

                   It matters not how strait the gate,
                   How charged with punishments the scroll,
                   I am the master of my fate:
                   I am the captain of my soul.

Poema Invictus, de William Ernest Henley

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