Punto y aparte

Hoy es un día en el que poner un punto y aparte en mi vida, para bien o para mal de todos los afectados (y es que como siempre pasa, nunca llueve a gusto de todos).

Hace meses que ando demasiado ocupada y me siento un poco culpable por no haber escrito sobre medicina china ni shiatsu. Lo cierto es que, excusas aparte, necesitaba energía para progresar e invertir en futuro. Y espero que la siembra haya sido fructífera y poco a poco pueda ir cosechando y compartiendo.

Hace un par de semanas empezaba mi paréntesis laboral con varias ideas rondando la cabeza. Hoy, la más importante es que pase lo que pase, pueda confirmar que puedo poder en práctica mi conocimiento de shiatsu y ayudar a un montón de personas para que ganen calidad de vida y sean un poquito más felices. Y es que, suena quizás raro, pero lo cierto es que para mí las vacaciones hace ya tiempo que están asociadas al estudio. A esos libros que en el día a día no puedo leer porque no defiendo mis derechos y pongo punto y final al horario laboral.

¿Workaholic? Pues no lo sé. Sinceramente, creo que no porque, aunque me gusta mi trabajo, no tengo como objetivo ascender hasta los cielos pasando por encima de todo aquello que sea necesario. Creo que soy más víctima de un exceso de responsabilidad y entrega a mi labor y al gusto por las cosas bien hechas. Lo cual, lleva al punto de que esto sea el más importante impedimento para ser responsable con uno mismo. Porque… si he de cumplir con los demás a consta de mi tiempo, ¿qué tiempo dedicaré a cumplir conmigo misma?

Sí, esta reflexión ya lleva dos años persiguiéndome y recordándome que, aunque a veces cueste tomar decisiones importantes, no tomarlas sólo retrasa la decisión, pero no arregla el problema de fondo. Y mira que durante este año he hecho propósitos de luchar por todo aquello que más me importaba, pero en cada intento más fuerte era la necesidad imperiosa de que mi cabeza estuviera en otros temas, más mundanos, más trascendentes para otros y más triviales para mí. Y como toda cuerda que se tensa, digamos que la mía está a punto de romperse.

El resultado de ello es el punto y aparte que hoy se escribe. El que deja atrás unos días grises y sin sentido que han servido para valorar las pequeñas cosas, para aprender y para tomar impulso. El que inicia los días en los que la luz ilumine la oscuridad y la incertidumbre del camino. El que guarde la flexibilidad para gestionar el tiempo y la firmeza para cumplir el pacto de responsabilidad con el yo. El que cambie las lágrimas de impotencia y frustración por una sonrisa que sea el hilo conductor para seguir construyendo el futuro que está por llegar.

¿Por qué estoy tan segura? Porque para mí las promesas son muy importantes, sobre todo con la gente que quiero y que me quiere. Y por suerte para unos (y desgracia para otros), en estas semanas he recibido muchas palabras de ánimo de aquellos que mejor me conocen y que saben cómo soy para que apueste por mi vida. Y sus muestras de apoyo incondicional y su cariño han hecho que me sienta más convencida de seguir el rumbo que ya había empezado a tomar antes de compartir mis pequeñas reflexiones trascendentales.

Cierto. ¿Y por qué no un punto y final? Pues bien porque de momento no se dan todas las circunstancias para ello. Sólo quedan por tejer algunas redes más para amortiguar la caída, caso que sea necesario, y si no lanzarse a la piscina y disfrutar de ese sentimiento tan fantástico como es la libertad.

Cuando después de vacaciones preguntas a alguien qué fue lo que hizo esperas explicaciones detalladas de todos los sitios en los que ha estado, de todas las visitas que ha hecho, de todo el sol que ha tomado, de todos los restaurantes y las fiestas a las que ha ido. Mi respuesta este año será que he disfrutado contemplando el horizonte, escuchando el mar de fondo, mientras el sol doraba el rostro tras una tarde de estudio. Diré que me reencontré con mi yo, dialogué con él, y nos aceptamos mutuamente para seguir juntos el viaje hacia nuestra gran meta: la felicidad.

atardecer_sepia_agosto14

“Ser maravilloso significa que eres tú mismo.
No necesitas ser aceptado por otros,
necesitas ser aceptado por ti mismo.”

Thich Nhat Hanh

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