Momentos de relax (2)

Esta semana que está a punto de acabar ha sido… diferente, como todas las que ya han pasado y las que quedan por llegar. La principal diferencia es que hay tantos momentos vividos en el instante, pero que no he podido saborear, que hoy me permito detener el tiempo y valorarlos pues he de tenerlo presente para aprender a no tropezar con piedras que ya he sentido.

El martes fue especial porque por una vez en mucho tiempo parece que las reclamaciones que llevo tiempo haciendo en cuanto a mis condiciones y la planificación laboral no caen en saco roto. Y con condiciones realmente me refiero no principalmente a la cuestión económica sino a los horarios, al equipo disponible, a la planificación y los resultados comprometidos… En fin, a todo lo que hace que un proyecto tenga o no éxito y no muera por parálisis o por falta de medios y criterio para desarrollarlo.

En este sentido, a veces me parece increíble que algunos tengamos que llegar a límites que nos hagan tomar una decisión de cambio radical en el estilo de vida e incluso plantearnos dejar el trabajo para que quienes tienen que valorarlo se replanteen que no pueden dejarnos ir. ¿Por qué hay que reclamar una recompensa justa para el trabajo? ¿No se supone que eso ya deberían hacerlo aquellos que ven los resultados? En fin, parece que para aquellos que demostramos que ser responsable es cumplir, que no se nos caen los anillos y nos buscamos la vida para resolver las dificultades y que todo salga lo mejor posible, el camino para ser lo que queremos ser para por ser un poco egoístas, establecer límites y dejar bien claro a nuestros empleadores que nuestra vida no está en sus manos, sino en las nuestras. Porque esas empresas nunca se han planteado vivir sin nosotros y, hasta ahora, nosotros tampoco no estar allí, pero eso ha cambiado. Y muchos de nosotros sabemos que fuera hay un amplio abanico de alternativas que no serán fáciles, pero que la fuerza que nos ayuda a luchar por llegar a la meta, nos llevará a ella.

Así que, ahora todo está en sus manos. Si de algo pueden presumir es que siempre hemos sido leales, pues bien, ahora tienen que ser ellos los que nos propongan un plan acorde con nuestros requerimientos para que en la negociación todos podamos llegar a un acuerdo que de momento nos mantengan unidos. Y si no, pues el mundo no se acaba y siempre habrá nuevas fronteras por explorar.

El miércoles fue muy largo, a ratos reconfortante, a ratos estresante y en algunos puntuales subrealista. Pero una vez más comprobé que las largas noches en vela pueden ser leves si la compañía es agradable y el objetivo es común. Compartir momentos duros con personas que tienen empatía y que te ayudan hace que se generen lazos que superan la frontera de lo superficial y generan una complicidad que en otros momentos para ambos servirá.

El jueves recordé lo que es tener cerca a personas que te perturban y que no te aportan. Decidí que esas personas tienen que minimizar su impacto en mi estado físico y mental puesto que únicamente distorsionan la percepción de las cosas y nublan la vista. Es difícil convivir con una piedra en el zapato y caminar con ella sin maldecirla, pero no siempre se puede quitar de allí y caminar sin dolor. Así que en estos casos, habrá que buscar una solución y si la piedra tiene que caminar con nosotros, al menos que esté en un sitio indoloro.

El viernes fue el día de inflexión. Si bien por la mañana la multitud de cosas que había en la lista de tareas por hacer y el reclamo de muchas personas a la vez para que les ayudara me colapsó sin poder ocuparme de todo, después tuve que jugar algún papel que no me agrada.

A mí me resulta costoso tener que hablar con tono firme y serio a personas inteligentes y adultas, pero más jóvenes de cómo han de hacer su trabajo y qué significa responsabilidad y prioridad. Durante ocho años apenas si he tenido que organizar las tareas de compañeros de trabajo como si fueran los deberes de la escuela. Creo firmemente que en la universidad o los centros formativos, te enseñan algo más que matemáticas, economía, física, ingeniería, derecho o cualquier otra asignatura. Quizás soy de la vieja escuela, pero creo que te enseñan algo más. Que, descontando aquellas personas que requieran un soporte mayor para realizar su trabajo por cuestiones físicas o mentales, cada persona tiene que aprender a resolver problemas por sí mismo, que tiene la capacidad para identificar lo que es crítico para resolver el problema que se plantea y que puede utilizar las herramientas o los medios para hacerlo. Debe ser, como dice alguno de mis superiores que soy demasiado buena con mis equipos, quizás. Pues lo cierto es que no creo que vaya a cambiar la estrategia porque tengo comprobado que los equipos funcionan si hay complicidad, si hay compromiso y todos trabajan unidos y con los objetivos claros. Entonces, el camino correcto del laberinto aparece ante los ojos y resulta sencillo conseguir aquello que se desea.

Fue entonces cuando cree mi núcleo duro y lo vi todo más claro. Las dos (en realidad tres) personas con las que tejer un equipo potente. Somos cuatro personas muy diferentes, pero con un potencial común, cada una en un nivel de crecimiento profesional diferente. Formamos una pirámide de conocimientos y habilidades en la que apoyarse y equilibrar el proyecto. Un físico, un ingeniero de caminos, una administración y dirección de empresas y una economista juntos para crecer y formar parte de un proyecto ganador. Fue el momento en que olvidé todo lo anterior y, como si todo empezara de nuevo, comenzamos a construir nuestro futuro, aislando lo que pudiera distorsionar nuestras propuestas.

Gracias Marta y Nacho por una comida muy especial porque me habéis hecho creer en este proyecto y volver a sentir la motivación para conseguir entre todos, algo grande. Estoy segura de que si nos dejan, haremos algo grande.

Y hoy, para recuperar la energía, he disfrutado de una tarde agradable de práctica de terapia, aplicando aquello que aprendo y para lo que trabajo en ese tiempo que me queda reservado para hacer algo más personal y equilibrar mi vida. Gracias Marcos por una velada maravillosa en la que me alegro de haberte sorprendido en la cocina con pequeños detalles que van bien para cuidarse y conseguir la energía necesaria para ser feliz.

No puedo pedir nada más que paz para descansar y dejar que estas semillas que sembré sigan su curso y comiencen a germinar y formar el precioso jardín que hace tiempo soñé. Porque si está es mi vida… quiero vivirla haciendo aquellas cosas que quiero, con gente que quiera formar parte de ellas. Seguir una pasión… y vivir los sueños.

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