Soñar ahora y hasta la eternidad

Tarde en el tren. Hacía tiempo que no disfrutaba de estos viajes entre fugaces, ineludibles por las fechas y a la par esperados. Y es que, a pesar de que el tren va lleno y las maletas se amontonan por no haber espacios, reina la tranquilidad y la cordialidad de la gente.

Como decía Pedro Calderón de la Barca, ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Sueños. Sueños es lo que algunos llevan estos días de mochila. Sueños es lo que todos deberíamos llevar cada día en la mirada.

A estas alturas del año casi todos piensan ya que tres días nos separan de cambiar el calendario, de tomar las uvas de la suerte y brindar con champán o cava, de ponernos guap@s para la gran fiesta de fin de año, ligar o decir adiós al pasado. Para muchos faltan tres días para seguir mirando adelante con ilusión, para amar, para compartir, para soñar con que lo que venga sea mejor o al menos igual que lo vivido. Para mí, hay tres días para seguir siendo aquello que quiero ser, para que aquellos a quienes quiero lo sepan, para cambiar aquello que no encaja y mantener aquello que hace que la vida fluya y nunca falte la alegría.

Soñar despiertos o despertar soñando. La verdad es que no sé cuál de las dos es mejor, aunque según Antonio Machado “si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar”. Seguro que el poeta tiene mucha razón puesto que los sueños creo que son fruto de nuestra voz interior, el consciente y el subconsciente que se alían para traernos su mensaje, ése que con la ruidosa rutina y la agobiante premura con la que nos dejamos envolver no sabemos ni ver ni oír si no estamos en silencio.

El cristal refleja ahora mis manos que escriben. El pensamiento que fluye buscando su momento. Mil ideas que vuelan y buscan su espacio. Un único objetivo que se ha fraguado en los últimos meses: aprender a ser mejor. Mejor persona, mejor terapeuta, mejor amiga, mejor compañera, mejor amante, mejor confidente… Con el tiempo aprendes que no es más feliz el que más tiene, ni es más querido el que más da, pero sí es más feliz el que mejor se siente con uno mismo. Y, personalmente, eso pasa porque las personas seamos sinceras, respetuosas, verdaderas…, libres.

Algunos dicen que de ser tan buena, a veces me pasé. Y no le quito algo de razón, pues lo cierto es que siempre hay quien no valora la humildad y la generosidad de las personas que con empatía luchan porque otros brillen. Y aún siendo así, ¿por qué ser como otros? No creo en seguir patrones, ni imitar, ni ser quien no se es, así que llegados a este punto sólo puedo echar la vista atrás, objetivamente revisar cada experiencia y guardar las buenas para repetirlas, y para las que puedan ser enmendadas, tomar nota y aprender del pasado para trazar un futuro renovado.

“Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no se pierde; ahora coloca las bases debajo de ellos.”

George Bernard Shaw

Al inicio de año soñé llegar muy alto y no caer, siendo consciente de que eran altos vuelos. Durante el año las circunstancias frenaron mi ascenso (mea culpa por permitirlo) y caí empicado buscando salvavidas. Entonces fue cuando acepté que la vida no se puede vivir todo el tiempo encima de una montaña rusa porque requiere sus tiempos de sosiego, esos en los que las ideas maduran y las grandes decisiones se fraguan. Así pues, en los últimos meses, comprendí que la vida es mejor cocinarla a fuego lento y siempre saber adaptarse a los imprevistos y sorpresas que vengan para que podamos ofrecer lo mejor de nosotros mismos a quienes esperan degustar de nuestra compañía.

No es trabajo perdido el soñado y no conseguido. Es un viaje pendiente que recorrer en esa vida que está por llenar. No somos los primeros que hemos construido a veces la casa por el tejado, ni seremos los últimos. A veces, como dicen mis chicos, hay que equivocarse para saber qué es lo que no queremos -pues no siempre tenemos clara la respuesta a qué es lo que sí queremos–. Ellos son en tantas ocasiones mi mejor maestro, aunque ni se lo imaginan. Y yo se lo agradezco de corazón, pues los quiero, como compañera y amiga. Ellos hacen que yo crezca como profesional, pero sobre todo como persona. Y yo me enorgullezco de verlos crecer y saber que hay algo que siempre recordarán de lo vivido.

Por soñar, a veces sueño con esas personas que estuvieron y que ahora no están, y tocaron el alma. De ellos recuerdo su energía, su alegría y sus ganas de vivir -de antaño casi diría- que por suerte son también las ganas de vivir hoy para muchos que queremos cambiar lo que la sociedad nos vende para ser felices. Sueño con los que están sin estar cerca. Esos que quisiera abrazar tan a menudo que cuando les veo parece que fue ayer que los vi y ha pasado más de un año. Para estos el tiempo es tan efímero como eterno pues como dice la leyenda china existe un hijo rojo que ha unido nuestros destinos y mantiene unidos los corazones. Sueño con los que me necesitan y a los que no pude ayudar. Sueño con los que quiero y no sé cómo querer. Sueño con los que lloran y busco su sonrisa. Sueño con los que sonríen y quiero que compartan. Sueño con que la ilusión jamás falte en la mirada para que se contagie. Sueños, que hacer realidad, desde ahora y hasta la eternidad.

horizonte_velero14

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