Cultivando amarillos (1)

“El silencio no es la ausencia de sonido sino de ruido. Sólo cuando paramos el torrente de pensamiento que nos bombardea, podemos escuchar esa voz que no surge de la cabeza sino del corazón.”

Reinventarse, Tu segunda oportunidad, del Dr. Mario Alonso Puig

Pensar en amarillo es pensar en encuentro, en corazón, en querer, en abrazos, en compartir sonrisas y lágrimas de alegría. Pensar en amarillo es sentir la libertad que te permite ser y no aparentar, sentir y no fingir.

Quizás es la paz que encuentro ahora en la naturaleza, la que me hace conectar con esa parte de mí que la ciudad, el estrés, las rutinas y mi razón no me han permitido ver en otros momentos. Quizás soy yo que vivía en la oscuridad sin querer ver por miedo… miedo a no encontrar aquello que deseaba o creía necesitar.

A veces sólo hace falta una casualidad para recordarte que la vida son sorpresas y que la decisión de dejarse sorprender está en la mano de cada uno. Que decidir vivir o mantenerse con vida sólo depende de la conciencia y el corazón que se ponga en el ahora. A veces hace falta una pizca de amor desinteresado para recordar que el ahora es lo que importa y que las emociones son ese caudal que nos permite tener experiencias y formar nuestro carácter y nuestra personalidad.

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No sé si soy yo o es la circunstancia la que hace que mi mente se calme. Silencio interior que se conjuga con el viento que mueve las hojas de los árboles, el canto de los pájaros o los ladridos de los perros que corren y juguetean en el campo. Disfruto cerrando los ojos en medio del prado, inspirando profundamente hasta llenar los pulmones y espirar lentamente mientras el sol va ocultándose en el oeste.

Probablemente esté loca o enamorada, o simplemente disfrute de la felicidad de encontrarme con mi yo, ese que tanto abandono sufre cuando hay que enfundarse el caparazón transparente que nos proteja de los valores que priman en la sociedad actual. El que cada día sale al encuentro de la ira y el enfado para defenderme, pero que se queda guardián en lugar de marchar cuando todo está de nuevo en paz.

Y en esta casualidad, te encuentro, de nuevo a ti. Uno de mis amarillos más longevos, un ángel de la guarda en tantas ocasiones, que tanto tengo que agradecerte. Aunque tú no lo sabes, eres la única persona a la que en estos días puedo confiar mis desvelos, mis alegrías, mis inquietudes. La única, ahora, a la que me atrevería a enseñarle mi yo desnudo.

Y en ese pensamiento me quedo sintiendo que quiero que sobren las palabras entre los dos. Y que tu abrazo sea mi fuerza para sacar todo eso que aún queda dentro, alguna carga pesada que a veces arrastra y huele a olvido y a pasado caduco. Late mi corazón sabiendo que en la vida hay tanto que disfrutar que no hacerlo es caer en la trampa de la irresponsabilidad. Late porque a tu lado faltan las palabras para explicar que me siento dichosa por compartir momentos inolvidables.

En tu abrazo, amigo, cambiaré las palabras por miradas y dejaré que la felicidad se abrace a nosotros.

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