Divagaciones internas, día 9

Querido corazón,

Hacía mucho tiempo que no escuchaba a Sergio Dalma, pero hoy suscribo algunas de sus palabras “yo no te pido la luna, tan sólo quiero amarte, quiero ser esa locura que vibra muy dentro de ti”.

Me siento afortunada de poder tener amigos que disfrutan de mi presencia, aunque sea poco el rato que compartimos. Y que sea tan natural el hecho de ser sinceros y abrazarnos y esperar que eso no sea algo puntual. Me entristece ver cómo algunas personas pierden literalmente el tiempo en dimes y diretes, en buscar el motivo para chismorrear y para generar rumorología en torno a los vecinos. ¡Cuánto tiempo libre y qué mal aprovechado!

Me apena que haya tanta gente joven que tenga un espíritu tan cerrado, tan esclavo del qué dirán y de las apariencias. ¿Es que la gente no se da cuenta que eso no da felicidad sino más bien dolores de cabeza? Así anda la sociedad, intransigente, enfadada, crispada y con unos dolores de espalda y estómago que pocos son, para los que deberían ser. En lugar de primar la naturalidad, la sinceridad y la amistad o el amor en sentido amplio, se impone el hablar de dolores, de problemas y de cosas grises que empañan los cristales a través de los cuales ver la vida.

¡Qué suerte tienen algunos mayores que son capaces de ver esto a su edad y con su experiencia! El más claro ejemplo lo he visto hoy. Una mujer que lleva más de cincuenta años casada con su marido me hacía esa reflexión, que quería irse a otra ciudad donde pudiera respirar alegría, hacer su gimnasia, ir al colegio o simplemente pasear con su marido o con sus amigas y disfrutar del momento.

Me da mucha envidia y casi me saltan las lágrimas. Ojalá pueda decir a sus años lo mismo, pero sobre todo disfrutar de todos los momentos que quedan hasta entonces teniendo la certeza de que he perdido el menor tiempo posible en sólo pensar y razonar… porque la vida se vive sintiendo y eso no lo dicta la razón, sino el corazón.

Hay frases que alguien te dice y tú puedes repetirlas a otros. Porque contienen tanta verdad, que merece la pena recordarlas y reflexionarlas. Decimos que la vida es injusta, ¿es cierto? Quizás nos equivocamos en pensar así y eso hace que el recuerdo de las experiencias se vuelva opaco y gris oscuro. Las palabras que decimos y las que pensamos importan más de lo que conscientemente pensamos. Y es en el pensamiento donde a veces no dejamos que las nubes nos dejen ver el valor del yo interior.

Dejemos las fachadas para los edificios, los chismorreos para los programas del corazón y centrémonos en vivir en el ahora, ese momento que no volverá a pasar. Dejemos que el silencio interior nos permita escuchar los latidos de ese corazón que hoy bombea la sangre que da la vida. Que el amor impulse cada momento y deje brotar mariposas y colores que iluminen los tapices solitarios que intentan rodearnos y teñir la alegría que ha de reflejar la mirada cada día.

corazón_mariposas

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