Gente de criterio

“Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.”

Mario Benedetti

Tarde de paseo, de larga caminata junto al mar. De sol y nubes, de silencio humano, de brisa y olas rompiendo contra la roca a ratos.

Hay algo que se mueve dentro, que hace que se rebele desde dentro la tranquilidad que normalmente me llena. Se abrió la caja de pandora, se borraron del cielo los nubarrones que parecían no irse, pero que nada tenían que ver con mi persona. Quien advierte no miente, avisa. Y quien avisa no es traidor, sino persona que normalmente piensa más allá y desea que las cosas salgan bien.

Hay oídos que no escuchan. O que no quieren escuchar. Pues bien, no es más ciego quien no quiere ver, ni más sordo el que no quiere oír. En ambos casos, más vale focalizar esfuerzos en aquellos que sí quieren ver y oír, que perder más el tiempo en gastar palabras con aquellos que desprecian las que les regalamos.

Me gusta la gente de criterio. Sí, me gustan aquellos que por el contrario que los anteriores, me aportan su sabiduría de vida. Que son fieles a su pensar y sentir y que no tienen miedo a equivocarse, porque arriesgan. A su lado quiero caminar y seguir sus pasos para aprender de su arrojo, de su confianza o de sus errores. A su lado soy joven, inexperta, pero atrevida y espero que valiente para enfrentar una nueva etapa a la que otros pusieron fecha.

Dicen que no hay mal que por bien no venga. Y es que ya se hacía larga la espera de tener que servir a aquellos que no son capaces de pedir perdón ni de asumir los errores. Pues bien, por desgracia para unos y suerte para otros y para mí misma, no hay momento para dilatar más la espera. No hay motivos suficientes para no hacer aquello que desde hace tiempo estaba pendiente: cambiar el rumbo, coger el timón y navegar hacia donde yo quiera, buscando el abrigo de aguas tranquilas cuando venga tempestad y disfrutando de cada instante presente siempre.

Dices que yo te hice terapia, no sé si es cierto, pero jamás olvidaré tus palabras, amigo: “Gracias, ¿por qué? ¿Por pensar que eres una fuera de serie, una gran profesional, excelente compañera y gran mujer? Pues es fácil pensar eso… No tienes mucho que aprender, pero sí mucho que enseñar. Y dejar que la frescura que tienes impregne tanta mediocridad que hay cerca tuya.

Estés muy cerca o no tanto, tengo suerte de conocerte. Detrás de esas lentes hay unos ojos sinceros y en el pecho un corazón sensible, que ha aprendido a protegerse. Eres una persona maravillosa porque cuando los demás flaquean, tú buscas su sonrisa cueste lo que cueste. Gracias, de corazón, por compartir parte del camino de la vida.

atardecer_oct15

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