Divagaciones poéticas, día 10

Querido corazón,

Hay días inolvidables que se construyen con naturalidad, lo que hace que su energía fluya y evolucione con el tiempo. Son esos días en los que el reloj no importa y en los que si se disfruta de una buena compañía se construyen hitos personales que terminarán siendo piezas clave de nuestra historia.

Muy pocas personas han conseguido que escriba para ellas y contaría con los dedos de las manos las que me han servido de inspiración durante gran parte de mi vida. Amarillos… esos que siempre están sin buscarlos, sin esperarlos y que siempre te enseñan, te sorprenden, te miman, te impulsan o a los que inconscientemente tú también aportas tus virtudes y tus defectos.

Visto así parecería que te idolatro. Como esta mañana me decías, a veces instintivamente hacemos o decimos cosas sin pretensión de influir sobre otros, cuando la realidad es que lo hacemos. Quizás… mas hace muchos años que rompí con la norma y decidí pensar y sentir que, a pesar de que la sociedad imponga o sugiera unas reglas, cada persona ha de encontrar su espacio y ser como él decida. Porque la vida no es algo cierto y controlable, sino que sin preaviso puede cambiar sin que uno pueda hacer nada, y en el sentido que cada cual sienta que ha cambiado.

No estoy pensando en catástrofes, ni en subirme al carro pesimista. Es posible que sentirse o ser miserable en ocasiones sirva para darse cuenta que todo es relativo y que siempre se puede empeorar la situación, pero, sobre todo, que si uno lo intenta tenazmente y lo cree, también puede mejorar. 

Anhelamos las vacaciones para buscar nuestro espacio, nuestro rincón de reflexión y de descanso porque somos inconformistas con la situación actual que nos rodea. Y eso, para mí es el mérito de la gente que se pone retos cada día y no se acomoda en la rutina fácil. Has conocido a un yo muy azul y verde, pero en el fondo tiene su espacio un rojo vivo que hace años anhelaba la aventura. En el fondo, ha sido la inhibición que unos pocos a los que he querido me imponían y la soledad posterior, los que han hecho que esa chispa esté contenida más de lo que debería. Quizás me equivoque y sea subjetiva conmigo misma, pero quizás sólo faltan algunas tardes de meditación y otras de complicidad y cariño para que algo cambie.  

Es probable que mi experiencia profesional se quede corta a tu lado y que mi inteligencia emocional esté por desarrollar para tomar las mejores decisiones en cada momento. Muy pocos son los que te siguen en silencio cuando caminas por un precipicio para evitar que caigas, pero siempre hay alguno que sin saberlo te da píldoras existenciales para que hagas uso de ellas cuando el mundo gira y gira y parece que todo se va a hundir. Para mí lo importante no es que eviten tus caídas, tus errores, tus aprendizajes… sino que puedan proporcionarte las herramientas para crecer cuando eso ocurre.

Y tú, a días me das píldoras de vida y me incitas a ser más decisiva… y otros me reprendes porque no quieres que no esté en el ojo de la tormenta. Y siempre consigues que retome mi rumbo, que sin saberlo hagas de brújula que me sirva para orientar las velas para alcanzar mi objetivo. O al menos apreciar si me estoy desviando de él.

Gracias por todo. Porque si la mitad de la mitad de la mitad de mis palabras te sirve como granito de arena para que sonrías y seas un poquito más feliz, el doble del doble del doble de lo que tú crees que te escucho es lo ocupan tus píldoras mi mochila, que al contrario que hacer pesado el camino por su carga, aligeran el camino por su liviandad.

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