Divagaciones poéticas, día 11

Querido corazón,

Desde hace semanas estás agitado. Agitado por los cambios que te rodean y que deseas para encontrar tu lugar en el mundo. Agitado por apurar cada segundo del día para hacer tantas cosas… que a veces no te permites un instante de calma, de sosiego salvo cuando la mente descansa y duermes. Pero tanto movimiento requiere un sueño más reparador, unos minutos de relajación entre el día y la armonización de tus latidos con la mente.

¡Qué lejos estás de conseguirlo! No puedes negar la evidencia. Te escucho acelerado desde hace días… más que de costumbre. Y esto sólo tiene una explicación: te estás enamorando.

Estás sensible y has captado su energía: fuerte, pero dulce; cercana y valiente; activa, sincera, caballerosa de las que ya pocas quedan. Su voz te eriza los cabellos y no sabes cómo frenar sus efectos. Quieres racionalizar lo que ocurre, pero no lo consigues. Has encontrado un tesoro y quieres observarlo con detalle, saber qué esconde y si te corresponde.

La mente te dice que no lo conoces, que aún no puedes dejar libre al sentimiento. Que esperes calmado a que los acontecimientos sucedan… Y mientras lo escuchas, te agitas y haces que todo el cuerpo te siga, esperando con gran expectación el momento en que estéis juntos. Idealizas lo que conoces de él porque te parece tan extraordinario haberlo descubierto así, que no deja de ser como un sueño que viaja paralelo a la realidad. Es real, su voz es real y sincera. Y ambos habéis iniciado un movimiento equilibrado, como en taichi, que os relaciona y que se sostiene por su flexibilidad, por su adaptabilidad, por la dulzura que lo envuelve.

Te siento feliz, como hacía años que no lo estabas. Con esa chispa que siempre te ha caracterizado, con ese punto de locura que hace que la vida tenga sentido. Con ganas de ser tú y dejarte caer confiada en sus brazos, y mirar las estrellas y soñar. Porque el amor es una elección y quieres tener la oportunidad de querer a alguien sin buscar una razón para hacerlo… querer por lo que se siente.

Vive, ama y disfruta de cada instante. Habrá merecido la pena arriesgarlo todo por ser feliz.

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