Gracias a ti por ser como eres (2)

Hoy es el cumpleaños de una persona maravillosa -diría que extraordinaria-. A pesar de ser el día internacional de la mujer, hoy mis pensamientos y mi corazón quieren dedicarle el reconocimiento como persona, como amigo, como terapeuta, como maestro y como un padre adoptivo.

Nuestros caminos se encontraron el 2 de junio de 2013 en el curso de Sokushindo, reflexología podal japonesa. Recuerdo que apenas había iniciado los estudios de acupuntura, había pasado de estar trabajando en Madrid a volver a Barcelona. De tener pareja a tener una relación a distancia que se distanciaba. Recuerdo que el sábado fue un día intenso, de aprender técnica, de entender lo que era limpiar el organismo… Tanto que cuando acabamos, pasee por las calles de Barcelona hasta la Sagrada Familia y la cabeza estaba un poco confusa por el drenaje y la armonización que les habían hecho. Quién me lo iba a decir entonces…

Y a partir de ahí decidí seguir tus pasos. Primero con Shiatsu. La acupuntura me resultaba demasiado teórica -hacerlo a distancia no ayudaba porque tenías que prepararte tú toda la materia- y necesitaba una parte práctica que equilibrara mi energía, mi existencia. Shiatsu fue la excusa para conocer a un grupo maravilloso de personas con las que compartimos dos años y en los que aprendimos la esencia de lo que para algunos forma parte central de su vida y profesión, para otros es una segunda profesión y, quizás, para algunos un aprendizaje útil en algunos momentos de la vida. En mi caso, fue un descubrimiento del destino que ahora más que nunca sé que será parte muy importante de mi futuro.

Segundo con Tuina. Puestos a hacer masaje, la verdad es que se alinearon los astros y pude liberarme durante un año casi todos los jueves por la tarde para poder asistir a clase. Tengo muchos recuerdos buenos de aquellas clases, sobre todo el hecho de sentirme útil ayudando a compañeros que tenían que aprender a presionar como en shiatsu, sin practicar en el suelo… Lo bien que habíamos aprendido nosotros durante el primer año. Me sentía útil poder ayudarles y servirte de mano derecha para enseñarles. Y el segundo recuerdo que guardo con cariño fue poder practicar con una embarazada durante casi todo el curso… Algo que luego me ha servido en ocasiones posteriores y que te llena de satisfacción cuando las futuras mamas se sienten bien después de un masaje.

Y Farmacopea china, la cual tuve la suerte de empezar a aprender y a utilizar como botiquín en mi vida y el de muchos de los que me rodean, y que me ha ahorrado tantos medicamentos occidentales que sólo servían para tapar heridas, pero no para curarlas sin dejar cicatriz. Este creo que es uno de los aprendizajes que nunca terminará porque hay tantas materias médicas, que  sólo pensar en tu biblioteca de plantas, ya creo que me falta memoria para todas… y las que falten!

Me has acompañado en un camino solitario que ha tenido muchos altibajos que he sabido superar gracias a las terapias como formación y como paciente. Has sido uno de mis referentes cuando mis convicciones se ponían en duda. Y creo que ya me conoces como casi nadie de los que creen conocerme.

Recuerdo la primera vez que hicimos shiatsu emocional, mi caparazón no quería abrirse y tú querías que liberara mi rabia, mi impotencia, mi dolor. Sólo el paso de los años ha dejado que esa niña tímida que tanto había reprimido en el pasado dejara paso a alguien que a veces peca de hipersensible, pero que no quiere bloquearse con aquello que ni entiende ni comparte. Trabajo en un mundo de hombres… de momento. Porque ya hace tiempo que la brújula que me orienta pide cambiar el rumbo y mi razón supongo que quiere imponerse a lo que realmente siente de forma innata. Negar la evidencia. Hacer frente al miedo al cambio. Supongo que esas son mis asignaturas pendientes, que voy dejando al final de la lista de tareas para cuando las fuerzas sean suficientes.

Hoy estoy feliz de tenerte en mi vida porque me gusta que haya personas en mi vida donde la mirada sea el lenguaje de las palabras. Porque puedo ser yo sin ponerme máscaras. Porque siempre me das un motivo para sonreír cuando parece que sólo quedan lágrimas. Porque nuestros caminos se encuentran cuando desfallezco y necesito un impulso para retomar el camino.

Gracias Emili, porque hoy quiero ser yo la que te regale la misma frase que tú me dedicaste un 17 de noviembre de 2015: Gracias a ti por ser como eres.

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