Shiatsu emocional

Hoy no es un día cualquiera. Hoy es el fin de una etapa y el inicio de otra que por seguro que vendrá cargada de sorpresas, como la primera. Hoy acaba un aprendizaje que iniciamos veinte personas hace casi dos años y que ahora terminamos diez. Hoy sigue ese camino como terapeutas más o menos entrenados, más o menos dedicados, que intentan aportar su granito de arena en el mundo de la medicina tradicional china.

Es hermoso mirar un instante hacia atrás y darse cuenta de todo lo que hemos vivido. Para todos esto nació como una aventura que por motivos bien distintos nos reunió en torno a una escuela, que para mí ya hace tiempo que es especial. No sé si porque nació casi al mismo tiempo que yo o porque en ocasiones la puedo considerar como mi segunda casa. ¡¡Éramos todos tan distintos!! Y por supuesto, lo seguimos siendo, pero lo cierto es que todos hemos evolucionado.

Es curioso que apenas haya escrito sobre shiatsu cuando ha sido una parte principal en mi vida estos dos últimos años. Quizás porque necesitas integrar, sentir, disfrutar y profundizar en ello, esperas el momento adecuado para escribir. Y eso siempre pasa, que tarda en llegar. Lo cierto es que este tipo de masaje japonés está llamado a formar parte de mi vida y quizás ser un medio para cambiar el rumbo de mis pasos más adelante.

Shiatsu emocional o psicomasaje oriental. Combinación de shiatsu, la técnica de masaje japonés basada en presiones, respiración consciente y grito instintivo. Trío de elementos que pueden desencadenar la liberación de las emociones reprimidas para sanar el dolor, para desestancar lo estancado, para devolver el libre movimiento de la energía y reponer el equilibrio. Es la guinda que ha puesto fin a estos dos cursos en los que nuestros maestros se han entregado a enseñarnos la técnica fielmente, como lo hacían a su vez sus maestros. Y, sobre todo, nos han transmitido el amor y el cuidado que ponen en cada terapia, ese que hace que sean reconocidos y todo el que les conoce busque su ayuda.

Emocional… Día de muchas emociones y todas ellas acaparando la atención del corazón. El gran emperador por el que pasan todos: la alegría, la preocupación, la tristeza, el miedo, la ira. Y así han desfilado hoy entre la risa histérica y descontrolada y el llanto desconsolado por delante de nuestros ojos, para volver la ternura, el sosiego y la liberación. Somos esclavos de la energía estancada y los sentimientos reprimidos bajo la fachada de nuestra materialidad. Somos la coraza que protege lo profundo de las embestidas del destino, pero también el volcán que cargado de fuego un día necesita desatarse y entrar en erupción.

Gracias a la casualidad, al destino o simplemente a la vida que estamos viviendo, hoy hemos sido partícipes de una terapia emocional que nos ha mostrado el poder que tiene para removernos por dentro, para hacer que la energía se mueva por dentro y despierte aquellos sentidos que desde niños nos hacen acallar para conectar con una sociedad que nos priva de voz. Reír, gemir, gritar, sollozar o simplemente suspirar… ¿Cuántas veces la vida nos priva de ser explícitos en nuestros sentimientos porque se interpretan como debilidad? ¿Cuántas veces hay que cargar con el día a día, hacer de tripas corazón y seguir “pa’lante”?

Hoy, como paciente, quizás no estaba preparada para dejarme llevar. Quizás hace tiempo que no lo hago y para evitar sufrir me refugio en mi morada, esperando que llegue algo que no llegará así. O simplemente no había un colapso emocional tan vigente como para ser visible. Quizás simplemente estoy en la pasarela del cambios y eso hace que emocionalmente esté motivada e ilusionada y eso equilibra el corazón y por consecuencia el resto de emociones.

Como terapeuta he intentado cumplir lo mejor posible con mi tarea y espero haberlo conseguido. Por un lado, me siento orgullosa por haber ayudado a un gran amigo a liberar sus emociones, a quitarse la máscara y dejar salir a ese niño indefenso que todos llevamos dentro y que lo único que busca es caricias, es amor. Por otro, quiero agradecer a todos los que han compartido esta aventura su compañía, su dedicación, sus sonrisas, sus bromas, sus preguntas, sus respuestas, sus masajes, su amistad.

Hoy, si algo he recordado, es que conoces a las personas cuando te abren las puertas de su corazón y se hacen vulnerables. Cuando no se ocultan tras sus vestiduras, sino que se muestran tal cual son. Y por eso, todos vosotros, sois especiales, porque aún aquello que aún ocultáis, sois capaces de hacerlo visible.

Para mí hoy se abre una nueva historia, que espero seguir compartiendo a vuestro lado. Que sean muchas las carcajadas, las lágrimas, las horas de estudio, las cenas y comidas en el japo, los intercambios de terapia y sobre todo los abrazos que sigan entrelazando nuestras vidas.

Gracias maestro, por ser un libro abierto de conocimiento y compartirlo sin reservas. Por exigirnos la perfección para que seamos profesionales distinguidos y queridos. Por tus palabras siempre sabias, que tantas ocasiones han reconocido el valor de mi estudio y su puesta en práctica. Por servirme de brújula cuando hay tormentas que quieren hacerme naufragar. Gracias de corazón.

“Lo que más ocultas, es lo que más muestra de ti (te define). Dime tu secreto y te diré por qué eres tan especial.”

El mundo amarillo, de Albert Espinosa

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