Sembrar y cosechar 1ª parte

“Siembra un pensamiento y cosecharás un hábito,
siembra un hábito y cosecharás un carácter,
siembra un carácter y cosecharás un destino.”

Tengo dudas de quién es el autor de la cita que hoy comparto, pero eso no hará que comparta una reflexión sobre algo tan real como la vida misma. En la versión corta todos hemos escuchado alguna vez “recibes lo que siembras” o “recogerás lo que siembres”. Sería difícil pensar en sembrar manzanas y recoger almendras, en sembrar coles y recoger lechugas… Al menos yo aún no lo concibo.

Algo que en lo físico está tan claro, cuando nos vamos a los asuntos de lo emocional y de las relaciones, pues no siempre está tan claro. Porque todos esperamos recibir mucho y en la realidad, quizás no damos lo suficiente para ello. Dar y recibir. Tan bonito es recibir como dar, o más aún si cabe. Al dar, entregamos un trocito de nosotros mismos a los demás si lo hacemos con la intención pura de compartir y no con un interés oculto que espera  retorno.

Hoy no sé si recibo lo que he cosechado o simplemente he recolectado mal, pero llego a casa con la sensación de haber hecho un esfuerzo muy grande por una recompensa que no lo justifica. Y eso me entristece profundamente. Me duele el alma al pensar en las renuncias que he hecho durante los últimos casi cuatro años, en la dureza del camino y la soledad que me ha acompañado… y lo lejos que parece que está aún el objetivo. Sé que hoy lo veo más oscuro de lo que es y que soy muy exigente. Me gustar hacer bien todo lo que hago en esta vida y, cuando veo que a otros les da igual cómo salga su trabajo o que no les importa perjudicar a otros, me molesto y me enfado porque debería haber algo que les enseñe que ése no es el camino. Si sólo salen perjudicados aquellos que intentar ser profesionales y buenas personas, ¿cómo hacemos entender al resto que su conducta no es éticamente correcta?

No quiero caer en la justificación, ni en el victimismo, ni en el llanto sin motivo. Pero hoy necesito desahogarme, soltar lastre… dejarlo ir. Y caer muy hondo, hasta el abismo, para tomar impulso, remangar la camisa y preparar de nuevo el campo para que sea productivo. Y hacerlo con mimo y paciencia… Para que en época de siembra, las nuevas semillas crezcan y engendren nuevo fruto. La cuestión es, ¿aún queda tiempo?

Hoy tenía un hito y el resultado no ha sido el esperado. Entre el desastre y la perfección hay muchos matices, pero sólo uno permitía descansar en paz, y no ha sido así. En realidad, el resultado es más fiel a la imagen del equipo de lo que hubiera deseado, pero no a su potencial. Como responsable del equipo, me vienen a la cabeza las preguntas para las que desearía “la” respuesta:

  • ¿Quién es más responsable de esta situación: el equipo por pensar que todo vale y no ser responsable cada uno de sus tareas o yo como responsable de todos?
  • ¿Cómo hacer que esto funcione si no hay dos partes que ven claro el objetivo final?
  • ¿Cómo hacer que vean el impacto que tiene cada una de nuestras acciones en uno mismo y en los demás miembros del equipo?
  • ¿Cómo ayudarles si alguno no quieren ayuda?

Parece que en este viaje alguno tendrá que pisar tierra antes de navegar lejos. La cuestión es quién lo hará primero, quién cogerá el timón y quiénes controlarán las velas. Porque lejos de lo que algunos puedan pensar, por desconocimiento, en un barco sin motor puede ser tan relevante la figura del capitán que lleva el timón, como quién le ayuda con las velas.

Te echo de menos, en este silencio que llena, pero cuyos recuerdos en esta hora queman.

Atardecer_Sep2018