Antes y después de…

“Hay momentos que te marcan la vida y en los que te das cuenta de que nada volverá a ser igual.

Y cuentas el tiempo a partir de ahí:

antes y después de aquello.”

De la película Fallen

Los cambios son inherentes a la vida, forman parte de ella como el ADN es parte de nuestras células.

Habrá los que piensen que todos los caminos conducen a Roma y que hay una causa-efecto más grande que todo, que hace que la vida esté predeterminada o determinada en cada momento, sin que haya libertad para elegir, para decidir. La verdad es que con esta filosofía de vida, la decisión de dejarse llevar por los acontecimientos parece la mejor alternativa si no te cuestionas nada, si la vida es una línea más o menos recta, más o menos plana, más o menos horizontal y aséptica de incertidumbre. Pero has de ser muy dócil, impasible y pasivo para no reaccionar ante casi nada.

Y al contrario, si la sangre arde por las venas, otros se muestras irascibles, irritables y alterados a la mínima de cambio en que el universo no piensa como ellos, que no sigue sus previsiones y conspira para alterar el orden ideado por aquellos que se creen con el poder absoluto de decidir por los demás. Estúpidos que sólo se miran el ombligo y se creen muy listos por liderarse a sí mismos en el descontrol.

Los cambios son inherentes a la vida y como tales se han de observar y establecer con ellos la comunicación que los integre sin fisuras, en comunión armónica con nuestro destino, estableciendo una relación amorosa entre el universo y el interior de cada uno. Sea como fuere, tanto si la vida está predeterminada como si somos constructores de nuestro tiempo, ni la calma absoluta ni la tempestad más temible son situaciones sostenibles para nuestros días. La chispa de nuestra existencia requiere de conciencia, de aceptación, pero también de unas dosis de rebeldía, de intimidad y de mucho amor, comprensión, confianza, perseverancia y templanza. Y tantas virtudes como se puedan atesorar para sentir y ser calmado, para vibrar y fluir al mismo tiempo, sin estridencias.

Es difícil saber cuándo hay un cambio a partir del cual decir “antes de” y “después de” cuando estás cerca del punto de inflexión. La razón no es la mejor consejera cuando estás tan cerca que aún no lo puedes demostrar, pero el sentimiento y la intuición viajan más profundo, más certeros y aventurados, sin temor a errar. Son los momentos en los que casi se puede volar con los pies en la tierra y en los que la claridad lo inunda todo como cuando los primeros rayos del sol despuntan al alba y de repente todo se vuelve luminoso y cegador.

Sobran las palabras, sirven los hechos. Importa la confianza y la fuerza para perseguir la luz que se ha encendido en el interior. Carecen de sentido las excusas, los reproches, las desconfianzas y los malos pensamientos. No están invitados a seguir un camino diferente, el que hoy empieza.

Probablemente quedan muchos años por descubrir cuál es mi lugar en el mundo, de encajar en el puzzle del universo. Probablemente no hay un único sitio donde pasar desapercibido y al mismo tiempo destacar por su color. Probablemente quiera pensar tantas cosas, que no las pensaré en una noche…

Porque sólo sé que no sé nada, pero siento muy dentro que hace días ha vuelto mi color a brillar. Que el verde esperanza nunca se irá, que el camino que aquí empecé hace seis años hoy vuelve a cobrar sentido y surgen muchas ideas para compartir, para interaccionar, para cumplir el propósito que nos une a todos. Y por ello, prometo ponerme al día para poder cumplir esta promesa, la que yo me hice al sentir que el único objetivo es ser feliz.

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